
Dirigida por Byung-woo Kim y estrenada en 2025 con el título original Daehongsu, la película se plantea como una experiencia distópica de ciencia ficción que evita el espectáculo del colapso global para concentrarse en el interior de sus personajes. El impacto de un meteorito derrite la capa de hielo de la Antártida y provoca una inundación mundial, pero el relato se encierra deliberadamente en un espacio limitado, donde el tiempo se pliega sobre sí mismo y la mente humana se convierte en el verdadero campo de batalla.
A diferencia de otras historias apocalípticas, El gran diluvio utiliza la catástrofe como telón de fondo para explorar ansiedad, trauma y memoria. La amenaza externa existe, pero nunca domina la narración. El foco está puesto en cómo el encierro, la repetición y la incertidumbre alteran la percepción de la realidad. El mundo se inunda, sí, pero lo verdaderamente inquietante ocurre en la mente de quienes intentan sobrevivir dentro de un ciclo que parece no tener salida.
An-na es una investigadora en inteligencia artificial cuya supervivencia se vuelve crucial: es la única integrante viva de un equipo que desarrolló una tecnología llamada Motor de Emociones. Este sistema promete sentar las bases de una nueva humanidad en un planeta condenado. La película introduce esta idea no como una salvación épica, sino como un dilema ético profundo. ¿Puede la humanidad reinventarse a partir de emociones programadas cuando el mundo real se desmorona?
El vínculo entre An-na y su hijo Ja-in se revela como el eje emocional de la historia. Ja-in no solo debe ser rescatado de la inundación, sino que porta el Motor de Emociones integrado en su propio ser. La película plantea que el amor maternal no es solo un sentimiento, sino un componente esencial para el nacimiento de una nueva raza humana. En este contexto, proteger al hijo se convierte en proteger el futuro, pero también en una carga emocional insoportable.
A medida que la situación se vuelve más extrema, An-na comienza a experimentar recuerdos inexplicables que no encajan con la lógica lineal del tiempo. La narrativa entra entonces en un bucle temporal donde los acontecimientos se reinician, se deforman y se reinterpretan. Este recurso no busca confundir, sino transmitir el colapso mental de una mujer atrapada entre su conocimiento científico y el peso emocional de sus decisiones. La repetición se convierte en castigo y revelación al mismo tiempo.
El cierre de El gran diluvio no ofrece respuestas simples ni consuelo fácil. La película deja al espectador frente a una pregunta inquietante: si el mundo debe empezar de nuevo, ¿qué parte de lo humano merece sobrevivir? Más que una historia sobre el fin del mundo, el film se consolida como una reflexión intensa sobre la mente, el amor y la identidad en condiciones extremas, demostrando que incluso en medio de una inundación global, el mayor abismo puede estar dentro de uno mismo.