
Dirigida por Colm McCarthy y estrenada en 2016 con el título original The Girl with All the Gifts… la película se sitúa en un mundo devastado por una infección fúngica que ha convertido a la mayoría de la humanidad en seres hambrientos y violentos. En ese escenario surge Melanie, una niña aparentemente normal que vive confinada en una base militar, atada a una silla y vigilada constantemente. Desde el inicio, la narración deja claro que Melanie no es como los demás niños, pero tampoco es un monstruo. Su inteligencia, curiosidad y deseo de aprender contrastan con el trato deshumanizado que recibe.
La doctora Caldwell ve en Melanie la clave para una posible cura, incluso si eso implica sacrificarla. En el extremo opuesto está la maestra Justineau, quien la trata como una alumna más y se niega a verla solo como un experimento. La película expone este conflicto ético sin suavizarlo: salvar a la humanidad puede requerir destruir aquello que aún conserva humanidad. Melanie entiende más de lo que aparenta, y esa conciencia silenciosa convierte cada decisión científica en una herida moral imposible de ignorar.
Cuando la base cae, Melanie, Justineau y los soldados supervivientes se ven obligados a huir a través de ciudades en ruinas. El viaje revela la verdadera naturaleza de Melanie: es una híbrida, capaz de pensar y sentir, pero también portadora del hongo que ha acabado con el mundo. Lejos de ocultarlo, la película integra este dato como eje emocional. Melanie no lucha contra lo que es; lucha por entender cuál es su lugar en un mundo que ya no pertenece a los humanos.
El descubrimiento de los niños ferales marca un punto de no retorno. Son como Melanie, pero sin educación ni control, y representan el futuro inevitable del planeta. Aquí la película abraza el spoiler con crudeza: no habrá cura. El mundo humano está condenado. Melanie comprende que ella no es una anomalía, sino el siguiente paso de la evolución. Esta revelación redefine todo lo anterior y transforma a la niña en una figura trágica y poderosa a la vez.
La decisión final de Melanie es devastadora. Al liberar las esporas que acabarán definitivamente con los humanos restantes, no actúa desde la maldad, sino desde la lógica de la supervivencia. La humanidad tuvo su oportunidad y falló. Melanie no celebra la extinción, pero la acepta como un acto necesario. El incendio que sella el destino del mundo es también el nacimiento de una nueva era, una donde los humanos ya no son el centro.
El cierre, con Melanie observando a los nuevos niños mientras Justineau les enseña desde el interior de un laboratorio, es inquietante y profundamente triste. Melanie: Apocalipsis zombie no es una historia de esperanza tradicional, sino de transición. La película propone una idea incómoda: el mundo sigue adelante incluso cuando ya no es nuestro. Melanie no es la salvadora de la humanidad, sino la madre de algo nuevo. Y esa verdad, más que terror, deja una melancolía imposible de olvidar.