
Dirigida por Cal Brunker y estrenada en 2017 con el título original The Nut Job 2: Nutty by Nature… la película retoma la vida en Liberty Park justo cuando la comunidad animal parece haber encontrado estabilidad tras el duro invierno. La calma dura poco: un ambicioso alcalde humano planea demoler el parque para construir un parque de diversiones, amenazando el único hogar de ardillas, mapaches y aves. Desde el inicio, el conflicto se instala como una lucha desigual entre la naturaleza y un progreso que no pide permiso.
Surly vuelve como protagonista, con la voz de Will Arnett, pero esta vez no es el marginado desconfiado del pasado. Convertido en una figura central del grupo, debe aprender a liderar sin imponer su ego. La película muestra su resistencia a asumir responsabilidades colectivas y cómo ese rechazo inicial pone en riesgo a todos. El arco de Surly se centra menos en la supervivencia individual y más en la dificultad de sostener un compromiso con la comunidad.
Ante la amenaza inminente, los animales del parque se ven obligados a unirse, incluso aquellos con visiones opuestas. Andie, con la voz de Katherine Heigl, insiste en la cooperación como única salida, mientras Buddy intenta mantener la cohesión del grupo. La historia utiliza esta alianza incómoda para reforzar la idea de que la unidad no nace de la afinidad, sino de la necesidad compartida de proteger lo que se ama.
A diferencia de la primera entrega, el antagonista principal ya no es un plan criminal oculto, sino una amenaza abierta y legalizada. El proyecto del alcalde representa una crítica directa a la destrucción de espacios verdes en nombre del entretenimiento y el beneficio económico. La película no suaviza el contraste: el parque no es solo un lugar físico, es identidad, memoria y refugio para quienes no tienen otro sitio adonde ir.
El clímax se desarrolla como una resistencia organizada. Trampas improvisadas, persecuciones y sabotajes muestran a los animales defendiendo su hogar con creatividad y valentía. Surly entiende que la astucia individual no basta y que la verdadera fuerza surge del trabajo en equipo. La acción se mantiene ligera y accesible, pero con un mensaje claro sobre la defensa del entorno.
Locos por las nueces 2 cierra reafirmando el valor de la comunidad y del espacio compartido. El parque sobrevive gracias a la unión, y Surly acepta plenamente su rol dentro del grupo. Sin buscar una moraleja compleja, la película apuesta por una idea sencilla y vigente: proteger el hogar común es una responsabilidad colectiva. Con humor familiar y un ritmo constante, la secuela amplía el mensaje ecológico de la saga sin perder su espíritu aventurero.