
Dirigida por Mary Bronstein y estrenada en 2025 con el título original If I Had Legs I’d Kick You… la película se sumerge desde el inicio en el agotamiento extremo de una mujer atrapada en una rutina que no concede respiro. Linda, interpretada por Rose Byrne, vive absorbida por el cuidado constante de su hija enferma, una maternidad marcada por la ansiedad, la culpa y la sensación permanente de estar fallando. El relato no se construye desde la calma, sino desde el ruido mental, colocando al espectador dentro de una mente saturada que apenas distingue entre obligación y deseo.
La vida de Linda gira por completo en torno a la enfermedad de su hija. Cada decisión, cada minuto del día, está condicionado por esa responsabilidad absoluta. La película no idealiza el sacrificio materno, sino que lo muestra como una experiencia corrosiva cuando no existe apoyo real. A medida que el cansancio se acumula, Linda comienza a perder referencias emocionales básicas, y el cuidado deja de ser un acto de amor para convertirse en una carga que amenaza con borrar su identidad.
En su intento por mantenerse funcional, Linda acude a terapia, pero incluso ese espacio se siente insuficiente. Las sesiones no ofrecen alivio inmediato, solo reflejos incómodos de su propio colapso. La película utiliza estos encuentros para mostrar la distancia entre el lenguaje clínico y la experiencia real del sufrimiento. Linda no busca respuestas complejas, sino un descanso que nunca llega, y esa frustración se filtra en cada conversación.
El deterioro emocional comienza a manifestarse físicamente. El insomnio, la irritabilidad y la desconexión convierten el cuerpo de Linda en otro frente de conflicto. La película abraza una narrativa fragmentada que refleja esta descomposición interna, mezclando momentos cotidianos con estallidos de angustia. No hay grandes giros externos: el verdadero antagonista es el desgaste acumulado que nadie ve pero que lo invade todo.
El punto de quiebre llega cuando Linda ya no puede sostener la imagen de control. Su comportamiento se vuelve errático, sus relaciones se tensan y el miedo a dañar a quienes ama se vuelve tan intenso como el miedo a desaparecer ella misma. La película no ofrece una catarsis liberadora, sino una explosión contenida, incómoda y profundamente humana. El colapso no es espectacular, es íntimo y devastador.
Si pudiera, te daría una patada cierra sin redención clásica ni soluciones claras. Linda no “supera” su situación, pero alcanza una lucidez dolorosa sobre sus propios límites. La película propone una mirada honesta y sin concesiones sobre la maternidad, la salud mental y el agotamiento emocional. Mary Bronstein firma una obra áspera y valiente que no busca consolar, sino acompañar en el malestar, recordando que reconocer la fragilidad también es una forma de resistencia.