
Dirigida por Olallo Rubio y estrenada en 2025 con el título original Tormento… la película nos introduce de inmediato en un descenso claustrofóbico hacia el horror cotidiano. Brenda, una guardia de seguridad transferida al turno nocturno de una morgue, llega creyendo que será una noche rutinaria. No lo será. Desde los primeros minutos, el ambiente opresivo y el silencio del lugar anticipan que algo está profundamente mal. La historia no pierde tiempo en explicaciones innecesarias: el encierro comienza rápido y el espectador queda atrapado junto a la protagonista.
Brenda es presentada como alguien vulnerable que intenta mostrarse fuerte, pero cuyo pasado y decisiones la persiguen. Interpretada por Natalia Solián, su presencia sostiene casi toda la película. La cámara la acompaña mientras recorre pasillos interminables y salas frías, y cada paso parece acercarla más a un límite invisible. Lo que empieza como incomodidad se transforma en pánico cuando eventos extraños comienzan a repetirse, empujándola a un bucle del que no logra escapar.
Tormento construye su horror desde la repetición. Brenda queda atrapada en una pesadilla que se reinicia una y otra vez, obligándola a revivir escenas cada vez más perturbadoras. Aquí el film deja claro su eje central: las acciones tienen consecuencias, y el pasado regresa con violencia. Aunque el guion presenta algunas inconsistencias, especialmente en la lógica interna de la morgue y ciertos momentos confusos, el concepto del loop funciona como motor narrativo y emocional, creando una sensación constante de desesperación.
El espacio se vuelve un personaje más. Cadáveres abandonados, luces frías y pasillos vacíos conforman un escenario donde lo sobrenatural se mezcla con lo psicológico. Las almas que regresan para reclamar justicia no aparecen como simples sustos, sino como recordatorios del tormento interno de Brenda. Los efectos especiales, en su mayoría bien logrados, aportan imágenes verdaderamente tétricas que intensifican la experiencia, reforzando la idea de que no hay refugio posible dentro de este pequeño infierno.
La película transmite con fuerza el aislamiento absoluto de su protagonista. Brenda no tiene aliados, ni salidas claras, solo su propio miedo creciendo escena tras escena. El relato sugiere que su castigo no es casual, sino consecuencia directa de decisiones pasadas. Aunque en algunos momentos el guion intenta sorprender sin lograrlo del todo, el viaje emocional se mantiene firme gracias al trabajo actoral, mostrando a una mujer quebrándose lentamente frente a una situación que la supera por completo.
Tormento cierra sin ofrecer alivio fácil. Más que una historia de fantasmas, es un retrato oscuro sobre la culpa y la imposibilidad de huir de uno mismo. La cinta apuesta por un terror sencillo pero efectivo, que arranca rápido y mantiene la tensión sin complicar su propuesta. Acompañamos a Brenda hasta el fondo de su pesadilla, entendiendo que algunas heridas no buscan sanación, sino justicia. Olallo Rubio firma una obra directa y opresiva que deja al espectador con una sensación amarga y persistente.