
Dirigida por Mark Tonderai y estrenada en 2012 con el título original House at the End of the Street… la película presenta a Elissa, una adolescente que se muda con su madre a un tranquilo vecindario rural buscando empezar de nuevo tras un divorcio. La aparente calma del lugar pronto se ve empañada por un detalle inquietante: justo al lado vive el único sobreviviente de un brutal asesinato familiar. Desde el primer día, la sensación de normalidad se mezcla con una amenaza silenciosa que parece esconderse entre los árboles.
Elissa, interpretada por Jennifer Lawrence, siente una atracción inevitable por Ryan, el joven vecino marcado por la tragedia. Contra las advertencias de su madre, comienza a acercarse a él, convencida de que detrás de su silencio hay alguien incomprendido más que un monstruo. La película construye esta relación con una tensión constante, mostrando cómo la empatía puede nublar el instinto de supervivencia cuando el misterio resulta más seductor que el miedo.
A medida que Elissa pasa más tiempo en la casa de Ryan, descubre rastros inquietantes del pasado: habitaciones cerradas, recuerdos fragmentados y una atmósfera cargada de culpa. La historia juega con la idea de que los espacios guardan memoria, y que ciertas casas parecen absorber la violencia que ocurrió dentro de ellas. Cada visita profundiza la sospecha de que no todo fue contado sobre aquella noche sangrienta.
Sarah, la madre de Elissa, interpretada por Elisabeth Shue, percibe el peligro desde el inicio. Su rol es el de la voz adulta que intenta imponer límites, aunque llega siempre un paso tarde. La película contrapone la intuición materna con la impulsividad juvenil, subrayando cómo la necesidad de independencia puede empujar a tomar decisiones que abren puertas imposibles de cerrar.
El giro central revela que Ryan no estuvo solo aquella noche. Su hermana, dada por muerta, sigue viva y ha sido mantenida oculta durante años, convertida en una presencia salvaje y violenta. Cuando ella escapa, la calma del vecindario se rompe definitivamente. Elissa queda atrapada en medio del horror, enfrentándose cara a cara con una realidad mucho más oscura de lo que imaginó. La película no se guarda este spoiler y transforma el drama psicológico en un thriller directo de supervivencia.
La casa de al lado cierra con Elissa y su madre dejando atrás el lugar, conscientes de que algunas heridas no se curan cambiando de dirección. El film apuesta por un suspense clásico, donde el peligro se esconde bajo fachadas amables y calles tranquilas. Sin reinventar el género, ofrece una historia tensa sobre la curiosidad, la confianza y el precio de acercarse demasiado a secretos que debieron permanecer enterrados.