
Dirigida por José Padilha y estrenada en 2014 con el título original RoboCop, la película nos sitúa en un futuro cercano donde la tecnología militar domina los conflictos internacionales, pero aún no logra instalarse en suelo estadounidense. En ese contexto conocemos a Alex Murphy (Joel Kinnaman), un policía honesto que intenta equilibrar su trabajo con su vida familiar. Cuando una brutal explosión lo deja al borde de la muerte, la corporación OmniCorp ve en él la oportunidad perfecta para presentar al mundo su proyecto más ambicioso.
Murphy despierta convertido en una poderosa combinación de carne y metal. Sus movimientos son más rápidos, su puntería perfecta y su resistencia sobrehumana. Sin embargo, bajo la armadura todavía existen recuerdos, emociones y una conciencia que no puede ser completamente suprimida. Esa tensión entre programación y voluntad propia se convierte en el verdadero conflicto de la historia.
Raymond Sellars (Michael Keaton) no ve a Murphy como una víctima ni como un hombre salvado, sino como el producto ideal para convencer a la opinión pública. Con discursos cuidadosamente diseñados y estadísticas manipuladas, la empresa intenta demostrar que la seguridad absoluta justifica cualquier sacrificio. La película expone cómo el poder corporativo puede moldear la percepción de la realidad.
Mientras el mundo celebra a RoboCop como símbolo de orden, Clara Murphy (Abbie Cornish) enfrenta una verdad mucho más íntima: el hombre que ama ya no es exactamente el mismo. Las escenas familiares aportan una carga emocional que contrasta con la frialdad tecnológica, recordándonos que la identidad no se define solo por funciones o protocolos.
La figura mediática de Pat Novak (Samuel L. Jackson) refuerza la idea de que la violencia puede transformarse en entretenimiento cuando se presenta bajo el discurso correcto. La opinión pública, influenciada por narrativas simplificadas, acepta sin cuestionar la presencia de una máquina patrullando las calles.
El desenlace muestra a Murphy enfrentando no solo criminales, sino también el sistema que intentó apropiarse de su voluntad. Más allá de los enfrentamientos armados, la película propone una reflexión sobre libre albedrío, ética y los límites del progreso tecnológico. RoboCop no es solo acción futurista: es una historia sobre identidad y resistencia interior en un mundo que busca reemplazar al hombre por eficiencia mecánica.