
Dirigida por Chloé Zhao y estrenada en 2025 con el título original Hamnet, la película se abre con una idea sencilla y profunda: en Stratford, “Hamnet” y “Hamlet” eran considerados el mismo nombre. Desde ahí, la historia nos conduce hacia un relato íntimo sobre amor, pérdida y memoria. William Shakespeare conoce a Agnes en un encuentro casi mágico, marcado por halcones, miradas silenciosas y una conexión inmediata que parece escrita por fuerzas invisibles.
Agnes es una mujer ligada a la naturaleza, criada con conocimientos herbales heredados de su madre y rodeada de rumores que la señalan como hija de una bruja del bosque. Su vínculo con la tierra es profundo: pasa horas entre árboles, cuevas y silencios, leyendo el futuro en gestos pequeños. Cuando William comienza a escribir y a soñar con algo más grande, Agnes es quien ve primero su destino, aunque también presiente una tragedia que no logra comprender del todo.
La relación entre Agnes y William se consolida entre dificultades familiares y decisiones dolorosas. Tienen a Susanna y luego a los gemelos Hamnet y Judith, nacidos en medio de tensión y resistencia. William parte a Londres buscando su lugar en el teatro, dejando atrás a su familia. Agnes queda sola criando a los niños, sosteniendo el hogar mientras su esposo construye su futuro lejos de ellos.
Hamnet y Judith crecen profundamente conectados, como si compartieran un mismo aliento. Agnes observa en Hamnet una sensibilidad especial, una vocación artística que refleja a su padre. La familia encuentra momentos de calma en rituales sencillos, como enterrar al halcón muerto o imaginar que su espíritu vuela llevando deseos en el aire. Son instantes frágiles, cargados de belleza silenciosa.
Cuando la peste llega a Stratford, Judith enferma gravemente. Hamnet, en un acto de amor puro, desea tomar su lugar. Ella se recupera… pero él cae. Agnes intenta curarlo con todo su conocimiento, pero esta vez la naturaleza guarda silencio. Hamnet muere entre dolor y visiones, llamando a su madre desde un escenario imaginario. William regresa demasiado tarde, encontrando a su hijo ya en reposo eterno.
Devastada, Agnes ve cómo William vuelve a Londres y transforma su pérdida en arte. Cuando ella asiste a la representación de Hamlet, primero siente rabia al creer que el nombre de su hijo ha sido profanado. Poco a poco comprende que la obra es un homenaje. En el final, Agnes imagina a Hamnet cruzando el escenario y desapareciendo como en la cueva del bosque. Por primera vez desde su muerte, sonríe. Hamnet cierra como una reflexión profunda sobre cómo el amor persiste más allá de la muerte y cómo el arte puede convertirse en un puente entre lo que fue y lo que permanece.