
Dirigida por Paul Feig y estrenada en 2024 con el título original Jackpot!, esta película mezcla comedia, acción y sátira social en un futuro cercano donde la lotería no solo promete riquezas, sino también un peligro mortal. A través de persecuciones frenéticas, personajes disparatados y una premisa tan absurda como inquietante, la cinta convierte la suerte en una sentencia y el premio mayor en una carrera desesperada por sobrevivir.
La historia se sitúa en una versión exagerada y ligeramente distópica de la sociedad actual, donde ganar la lotería implica convertirse en objetivo de cualquiera que quiera arrebatarte el premio. Las calles, las pantallas publicitarias y la cultura del espectáculo forman un entorno en el que la riqueza rápida se glorifica, pero nadie habla del costo real. Ese universo visualmente vibrante pero moralmente desgastado sirve como marco perfecto para una crítica juguetona a la obsesión con el dinero fácil y la fama instantánea.
La protagonista —una mujer aparentemente común que nunca esperó ganar nada— se ve de repente en el centro de la tormenta. La película explora su desconcierto, su miedo y su evolución forzada mientras pasa de víctima desorientada a alguien capaz de tomar decisiones arriesgadas para seguir con vida. Su vulnerabilidad inicial genera empatía inmediata, y conforme el caos crece, también lo hace su ingenio. El guion utiliza su recorrido para mostrar cómo una persona corriente puede descubrir una fuerza que no sabía que tenía cuando no le dejan otra opción.
En este juego mortal, nadie es completamente confiable. Mercenarios, cazadores de recompensas y oportunistas de todo tipo convierten la ciudad en un campo de caza. Entre ellos destaca un supuesto “protector” que ayuda a la ganadora, pero cuya motivación nunca está del todo clara. Esa ambigüedad mantiene la tensión dramática: las alianzas son frágiles, las traiciones posibles y la empatía convive con el interés propio. La película juega con el tono de comedia de acción para mostrar un mundo donde el dinero pone a prueba la ética de todos.
El estilo de Paul Feig se nota en el ritmo: diálogos rápidos, humor físico, situaciones ridículas que estallan en medio de la acción, y un manejo del timing cómico que da aire entre cada momento de peligro. Las persecuciones a pie y en vehículo, los enfrentamientos improvisados y los planes mal pensados crean una sensación de caos controlado que mantiene al espectador enganchado. La violencia se maneja con un tono más cercano a la comedia negra que al drama crudo, lo que permite disfrutar la acción sin perder la ligereza.
Al llegar al desenlace, la película no se limita a resolver quién se queda con el premio, sino que plantea la pregunta de si vale la pena aquello por lo que todos estaban dispuestos a matar. Entre chistes, explosiones y giros finales, “Jackpot: Lotería mortal” deja una idea clara: en un sistema donde el dinero convierte a cualquiera en objetivo, tal vez la verdadera suerte no sea ganar, sino encontrar una manera de salir del juego. Un cierre que combina espectáculo, ironía y una reflexión ligera pero efectiva sobre la obsesión con el premio gordo.