
Dirigida por McG y estrenada en 2024 con el título original Uglies, esta adaptación de la novela de Scott Westerfeld presenta una sociedad futurista donde todos los jóvenes deben someterse a una cirugía que transforma a los “feos” en ciudadanos “perfectos”. Con una mezcla de ciencia ficción juvenil, crítica social y emoción contenida, la película sigue a una protagonista atrapada entre el deseo de encajar y el miedo a perder su identidad en un sistema que glorifica la apariencia por encima de la libertad.
La película retrata una ciudad tecnológicamente avanzada, luminosa y aparentemente ideal, donde la perfección física es sinónimo de felicidad. Sin embargo, bajo esa fachada impecable se esconde una maquinaria social opresiva que limita el pensamiento crítico y elimina la individualidad. Cada edificio, cada pantalla y cada norma refuerzan la idea de que solo quienes se ajustan al sistema merecen un lugar en él. Esta ambientación funciona como un espejo incómodo de las presiones estéticas contemporáneas.
Tally Youngblood es presentada como una adolescente ilusionada con convertirse en “perfecta”, convencida de que su vida comenzará realmente después de la cirugía. Pero cuando descubre secretos que sacuden los cimientos de su mundo, su identidad entra en crisis. La película profundiza en sus dudas, en su despertar emocional y en el dolor de comprender que aquello que siempre deseó quizás nunca fue suyo, sino impuesto. Su viaje interior se convierte en el corazón emocional del relato.
Una parte fundamental del filme ocurre fuera de la ciudad, en territorios agrestes donde viven los rebeldes que rechazaron la cirugía. Este entorno natural contrasta con el artificio del mundo “perfecto”: aquí la vida es dura, pero auténtica. Tally descubre nuevas formas de relacionarse, de sentirse vista y de comprender su propio valor. La película plantea así un conflicto poderoso entre la comodidad prefabricada y la libertad imperfecta.
El procedimiento que transforma a los “feos” no es presentada solo como cirugía estética, sino como un mecanismo de control total. La película explora las implicaciones éticas del lavado emocional, de la manipulación mental y del uso del estándar físico como herramienta política. Cada revelación que recibe Tally profundiza su dilema moral y muestra cómo la perfección puede convertirse en una prisión disfrazada de privilegio.
El desenlace combina emoción, peligro y una decisión que rompe con todo lo que Tally creía. La película cierra con un tono agridulce que refleja la complejidad del camino que ha elegido: una lucha que no promete victorias fáciles, pero sí autenticidad. “Los feos” termina con la sensación de que el futuro está abierto, incierto y cargado de responsabilidad, invitando al espectador a cuestionar las presiones estéticas y los sistemas que moldean nuestras vidas sin que lo notemos.