
Dirigida por Paul Etheredge y estrenada en 2025 con el título original The Other, la película comienza con la historia de una pareja que enfrenta el dolor silencioso de no poder concebir hijos. Tras años de intentos fallidos, deciden abrir su hogar a un joven huérfano, convencidos de que el amor y la estabilidad pueden sanar cualquier herida. El relato se inicia con un tono contenido y emotivo, donde la adopción aparece como una segunda oportunidad tanto para los padres como para el niño.
El niño adoptado llega a la casa cargando una historia marcada por el abandono y la violencia. Al principio, su comportamiento reservado despierta compasión y cuidado, pero pequeñas actitudes inquietantes comienzan a alterar la rutina familiar. La película construye lentamente una sensación de incomodidad, mostrando cómo el pasado no desaparece con solo cambiar de entorno. Cada gesto del niño parece arrastrar sombras que no terminan de explicarse del todo.
La pareja se aferra a la idea de que la paciencia y el afecto bastarán para ayudarlo a adaptarse. Este empeño nace tanto del amor como de la culpa: sienten que retroceder significaría abandonarlo una vez más. La película explora cómo el deseo de ser padres puede nublar el juicio, llevando a justificar conductas alarmantes con tal de sostener el ideal de familia que tanto anhelan.
Con el paso del tiempo, los episodios inquietantes se intensifican y dejan de ser simples señales de trauma. El hogar comienza a transformarse en un espacio de tensión constante, donde la amenaza ya no es externa, sino íntima. El film revela que la violencia que marcó la infancia del niño no quedó atrás, sino que se manifiesta de nuevas formas, poniendo en peligro la estabilidad emocional y física de quienes intentan protegerlo.
A medida que la situación se vuelve insostenible, la pareja se enfrenta a una decisión devastadora: seguir intentando salvar al niño o protegerse a sí mismos. La película plantea un conflicto moral profundo, cuestionando hasta dónde llega la responsabilidad de quienes ofrecen amor y cuidado. Comprender el origen del dolor no siempre basta para detenerlo, y aceptar esa verdad se convierte en el momento más doloroso del relato.
El desenlace de Infancia sombría deja una impresión inquietante y duradera. La historia concluye subrayando que no todas las heridas pueden cerrarse solo con buenas intenciones y que algunos traumas, si no se enfrentan a tiempo, terminan destruyendo aquello que intentan proteger. La película se consolida como un retrato oscuro sobre la familia, el miedo y la fragilidad de creer que el amor, por sí solo, siempre es suficiente.