
Dirigida por Jalmari Helander y estrenada en 2025 con el título original Sisu 2, la película retoma la figura de “el hombre que se niega a morir” desde un lugar íntimo y devastador: el regreso a la casa donde su familia fue brutalmente asesinada durante la guerra. No vuelve para buscar oro ni gloria, sino para recuperar lo único que aún puede rescatar: la memoria. En un gesto casi imposible, desmantela la vivienda pieza por pieza, la carga en un camión y se propone reconstruirla en un sitio seguro, como homenaje silencioso a quienes le arrebataron.
El viaje con la casa a cuestas no es solo físico, también es emocional. Cada tabla, cada clavo, cada resto de pared representa una parte de su pasado que se niega a perder. La película convierte la reconstrucción en un lenguaje de duelo: no se trata de olvidar, sino de levantar algo nuevo con los escombros. El protagonista avanza con una determinación feroz, como si la única manera de seguir vivo fuera convertir la pérdida en un propósito, y la rabia en movimiento.
La calma frágil se rompe cuando reaparece el comandante del Ejército Rojo responsable de la masacre. Su retorno no es accidental: viene decidido a completar su obra, como si el dolor no bastara y aún quedara una última humillación por imponer. Este reencuentro transforma el objetivo del protagonista. Lo que era homenaje se convierte también en ajuste de cuentas, porque la memoria no puede estar a salvo mientras el verdugo siga respirando con impunidad.
El conflicto se vuelve una batalla donde la venganza no es solo un impulso, sino una forma de justicia personal en un mundo que rara vez castiga a los responsables. La película explora cómo la supervivencia prolongada puede convertirse en castigo cuando se vive con el peso de lo perdido. El protagonista no pelea únicamente por su vida: pelea para que la historia no quede incompleta, para que su familia no sea solo una estadística, y para que el miedo cambie de dueño.
El enfrentamiento se despliega en escenarios duros y naturales, donde la violencia no se siente estilizada, sino inevitable. Cada persecución, cada emboscada y cada golpe se vive con una crudeza que refuerza la idea de que el cuerpo del protagonista es casi indestructible, pero su interior está lleno de grietas. La película utiliza ese contraste para construir tensión: la fuerza física sostiene la acción, pero la motivación nace del dolor, de la ausencia y de una promesa silenciosa.
El desenlace de Sisu: Camino a la venganza se siente como una conclusión marcada por la memoria. La lucha final no es solo un choque entre dos hombres, sino entre dos formas de mirar la guerra: una que destruye por poder y otra que sobrevive por amor. Cuando todo termina, lo que queda no es solo un cuerpo en pie, sino la posibilidad de reconstruir, aunque sea con cicatrices. La película cierra reafirmando que honrar a los muertos también puede ser una forma de seguir viviendo.
No hay pelicula mejor de este 2025, excelente broche de oro para terminar el año!!!! john wilk ¿quien te conoce? gracias Pelimeli!!!!!!!!!!