
Dirigida por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett y estrenada con el título original Abigail en 2024, esta película combina terror vampírico, comedia negra y thriller criminal en una historia donde un grupo de delincuentes secuestra a una niña aparentemente indefensa para pedir rescate a su padre millonario. Lo que comienza como un atraco sencillo se transforma en una pesadilla cuando la niña demuestra ser una criatura sobrenatural con sed de sangre y una mente sádica. La cinta juega con expectativas, alternando humor ácido, violencia estilizada y giros sorpresa que rompen la lógica del relato criminal tradicional.
Abigail no es víctima, sino cazadora. Su apariencia infantil y comportamiento delicado ocultan un ser vampírico inteligente, manipulador y meticuloso. La película explora la dualidad entre su vulnerabilidad aparente y su violencia desbordante, revelando una criatura que disfruta del control psicológico tanto como de la sangre. Su figura se convierte en fuerza dominante que transforma la casa en campo de cacería donde los secuestradores son presas.
Los secuestradores no son simples antagonistas, sino personajes con pasados dolorosos que se unen para una última oportunidad económica. Cada miembro del grupo tiene secretos, arrepentimientos y traiciones latentes que Abigail utiliza a su favor. Sus conflictos internos se intensifican cuando empiezan a morir uno por uno, mostrando cómo la desconfianza y el miedo pueden destruirlos más rápido que el monstruo que los acecha.
El espacio donde mantienen a Abigail se cierra sobre ellos, revelando trampas, corredores ocultos y zonas selladas que funcionan como mecanismo de control. La mansión actúa como coto de caza diseñado para que la criatura tenga ventaja absoluta. La puesta en escena utiliza arquitectura laberíntica, luces tenues y espacios barrocos que evocan tradición vampírica mientras adoptan estética moderna llena de energía y tensión.
La película combina gore explícito con coreografías de combate, persecuciones rápidas y un tono irreverente que recuerda al cine splatter con personalidad contemporánea. La violencia no busca realismo absoluto, sino impacto visual y catarsis. La comedia negra atenúa la brutalidad sin restarle tensión, creando un equilibrio entre horror y diversión que da identidad propia a la obra.
Aunque incorpora elementos clásicos del vampirismo, la película los adapta con enfoque moderno: vampiros como élite poderosa, control psicológico como arma y una mirada que mezcla feminidad, infancia y brutalidad sin caer en clichés tradicionales. El conflicto no trata de derrotar al monstruo, sino de comprender la estructura de poder que lo sostiene y las relaciones familiares ocultas que rodean su existencia.
Abigail es ideal para quienes disfrutan filmes irreverentes, con humor ácido, personajes moralmente grises y criaturas sanguinarias. Su mezcla de acción, horror y sátira la convierte en una experiencia intensa y entretenida, más cercana a un juego macabro que a un relato de terror puro. Una película donde la adrenalina nunca descansa y la inocencia no existe.