
Dirigida por Peter Hutchings y estrenada con el título original Which Brings Me to You, esta película de 2023 presenta un romance íntimo construido a través de confesiones, heridas emocionales y diálogos profundos más que acción externa. La historia comienza cuando dos desconocidos coinciden en una fiesta y, tras un impulso romántico frustrado, deciden no saltar directamente al deseo, sino compartir la verdad de quiénes han sido en sus relaciones pasadas. A partir de ese pacto de vulnerabilidad, ambos reconstruyen su camino emocional, cuestionando si aún son capaces de amar sin repetir los errores que los persiguen.
Jane es una mujer marcada por decepciones afectivas que ha aprendido a protegerse con ironía y desconfianza. Aunque proyecta seguridad, sus romances pasados revelan patrones de entrega desequilibrada y heridas que nunca cerraron. Su relato oscila entre vulnerabilidad y resistencia, mostrando a alguien que teme enamorarse porque reconoce que el amor no solo da, también consume. La película la retrata como una protagonista compleja, honesta y cansada de expectativas ajenas.
Will es un hombre emocionalmente intenso que ha vivido relaciones marcadas por decisiones impulsivas, ego y una incapacidad persistente de sostener vínculos a largo plazo. Su historia incluye romances fallidos y errores profundos que no intenta justificar, sino comprender. Su carácter es frontal, apasionado, pero lleno de arrepentimientos que lo obligan a revisar quién ha sido y a quién ha dañado. La película lo muestra en una etapa donde ya no quiere huir, sino hacerse responsable.
El corazón de la película no son grandes gestos, sino conversaciones extensas donde los protagonistas comparten episodios significativos de su pasado: citas que no funcionaron, traiciones, obsesiones y momentos en los que lastimaron o fueron lastimados. Estas historias funcionan como espejos emocionales donde cada uno descubre que el otro no es ideal ni perfecto, sino tan humano y roto como ellos. La narrativa convierte la palabra en acto transformador.
La puesta en escena utiliza espacios cotidianos, iluminación cálida y tonos suaves que acompañan una narrativa centrada en las emociones internas. No hay adornos excesivos ni montaje frenético: la cámara privilegia miradas, pausas incómodas, respiraciones contenidas y gestos que revelan más que el diálogo explícito. El filme apuesta por un romance realista donde la tensión no proviene de obstáculos externos, sino de la dificultad de entregarse sin miedo.
La película plantea que el mayor desafío no es encontrar a la persona correcta, sino atreverse a volver a creer en el amor después de cargar con errores, culpas y traiciones acumuladas. Tanto Jane como Will deben decidir si pueden ser transparentes sin idealizarse mutuamente y si su conexión es oportunidad de sanar o simplemente una repetición del pasado. La historia invita a ver el amor como proceso, no como destino perfecto.
Antes de conocernos es ideal para quienes buscan un romance adulto, introspectivo y centrado en la conversación emocional más que en clichés de comedia romántica. Su fuerza radica en recordar que la intimidad empieza cuando dejamos de contar historias para impresionar y comenzamos a contar las que duelen. Una película que abraza la fragilidad como motor de conexión genuina.