
Dirigida por Henrik Burman y estrenada en 2024 con el título original Avicii – I’m Tim, esta película documental se adentra en la vida de Tim Bergling, el DJ y productor sueco que transformó la música electrónica antes de morir trágicamente en 2018. A través de material inédito, testimonios cercanos y grabaciones personales, el filme propone una mirada honesta y profundamente humana sobre el joven detrás del fenómeno Avicii: un creador brillante, sensible y vulnerable que vivió atrapado entre el éxito mundial y una presión emocional imposible de sostener. El documental explora la dualidad entre la luz que él daba al mundo y la oscuridad que lo acompañaba en silencio.
El documental nos transporta desde estudios modestos en Estocolmo hasta los escenarios desbordados de festivales internacionales, pasando por aeropuertos, hoteles y habitaciones de producción que se convirtieron en el hogar itinerante de Tim durante años. Burman muestra estos espacios no como simples lugares, sino como hitos emocionales: cada país guarda una memoria, cada concierto una mezcla de adrenalina y agotamiento. La narrativa visual refleja cómo la vorágine del éxito erosionó la estabilidad del joven artista, dejando al público ver los paisajes luminosos y, también, los rincones donde la soledad se hacía sentir con más fuerza.
La figura de Tim se revela en capas: el genio musical obsesionado con el detalle, el chico tímido que sufría ante las cámaras, el joven que encontraba refugio en su computadora y el ser humano que buscaba un equilibrio entre su pasión y su bienestar. Las entrevistas con amigos, familiares y colaboradores muestran a un artista que siempre quiso dar más de lo que tenía, incluso a costa de sí mismo. Su vulnerabilidad aparece sin filtros: crisis de ansiedad, agotamiento físico y una presión constante por rendir que lo alejaba cada vez más de la tranquilidad que anhelaba.
El motor dramático del documental surge cuando el ascenso meteórico de Avicii se convierte en una carga insoportable. Las giras interminables, las expectativas del público, las obligaciones contractuales y la incapacidad de encontrar descanso empujan a Tim hacia un deterioro emocional que él mismo intenta explicar en mensajes, grabaciones y conversaciones con su entorno. Burman muestra cómo el éxito, lejos de ser liberador, se transformó en una prisión sin salida, donde el cuerpo y la mente pedían lo que la industria no podía ofrecerle: pausa y compasión.
Henrik Burman utiliza un estilo documental que respira cercanía. No hay dramatización artificial ni sensacionalismo; hay memoria, dolor y cariño. Los planos de archivo muestran a Tim relajado, riendo entre amigos, improvisando melodías y confesando sus temores con una sinceridad conmovedora. La música —desde sus primeros experimentos hasta los éxitos globales— acompaña cada fragmento y funciona como recuerdo vivo de su legado. La edición fluye con delicadeza, permitiendo que la historia sea tan honesta como devastadora.
El documental concluye con un homenaje a la vida de Tim, no solo como ícono musical, sino como persona que dejó huellas profundas en quienes lo conocieron. Lejos de centrarse en el dolor de su partida, la película celebra su creatividad, su bondad y su impacto global. Avicii: Soy Tim cierra con un mensaje que invita a reflexionar sobre la salud mental, el costo del éxito y la importancia de cuidar a quienes iluminan al mundo con su talento.