
Dirigida por Scott Pleydell-Pearce y estrenada en 2021 con el título original Barbie: Big City, Big Dreams, Barbie: Gran ciudad, grandes sueños sitúa a Barbie en un momento decisivo de su vida, cuando deja su entorno conocido para perseguir una oportunidad artística en Nueva York. La historia arranca con entusiasmo y nerviosismo, mostrando cómo la ciudad representa tanto una promesa como una amenaza. Desde el inicio, el relato plantea una pregunta central: ¿qué estás dispuesto a arriesgar para cumplir tus sueños?
El giro principal aparece cuando Barbie de Malibu conoce a otra Barbie con los mismos sueños y talentos, pero con una personalidad distinta. Con spoilers claros, la película muestra cómo esta coincidencia, lejos de ser solo una curiosidad, se convierte en una fuente constante de comparación y tensión. Ambas desean destacar, ser reconocidas y demostrar su valía, lo que transforma la amistad inicial en una competencia silenciosa que amenaza con separarlas antes de comenzar.
La ciudad no funciona solo como telón de fondo, sino como un personaje más. Con spoilers evidentes, la película muestra cómo Nueva York amplifica las inseguridades de las protagonistas: audiciones exigentes, expectativas altas y la sensación constante de que siempre hay alguien mejor. El ritmo acelerado y la falta de segundas oportunidades convierten cada decisión en un posible punto de quiebre, haciendo que el sueño artístico se sienta frágil y volátil.
A medida que avanzan las audiciones, ambas Barbies comienzan a perder de vista por qué aman la música. Con spoilers claros, la historia revela cómo la necesidad de sobresalir las lleva a copiar, competir y desconfiar. La película plantea un conflicto muy actual: cuando el talento se mide constantemente frente a otros, puede perder su sentido original. La creatividad empieza a verse como una carrera y no como una expresión personal.
El punto de quiebre llega cuando las protagonistas comprenden que la competencia las está vaciando emocionalmente. Al enfrentar las consecuencias de sus decisiones, entienden que no todo éxito vale la pena si implica traicionarse a una misma o perder a alguien importante. La película subraya que colaborar no significa renunciar al brillo propio, sino permitir que este crezca junto al de otros. Este aprendizaje redefine su forma de entender el éxito.
Barbie: Gran ciudad, grandes sueños concluye con un mensaje claro y contemporáneo: perseguir los sueños no debería implicar perder la identidad. El final celebra la autenticidad, la amistad y la valentía de elegir un camino propio incluso en un entorno competitivo. Con un cierre emotivo y optimista, la película deja una enseñanza duradera sobre creatividad, colaboración y la importancia de recordar quién eres mientras persigues aquello que anhelas.