
Dirigida por Richard Linklater y estrenada originalmente con el título Hit Man en 2023, esta película mezcla comedia negra, romance y thriller criminal con una frescura sorprendente. La historia gira en torno a Gary Johnson, interpretado por Glen Powell, un profesor de filosofía tímido y algo torpe que colabora con la policía en operaciones encubiertas. Su trabajo consiste en hacerse pasar por un asesino a sueldo para atrapar a personas que intentan contratarlo. Sin embargo, todo se complica cuando, bajo una de sus identidades, conoce a Madison, una mujer atrapada en una relación tóxica, y entre ambos surge una atracción real que pone en riesgo la línea entre personaje y persona, verdad y mentira.
Gary es un hombre acostumbrado a pasar desapercibido: ama enseñar, reflexiona sobre ética y filosofía, y vive una vida controlada y sin sobresaltos. Pero cuando descubre su talento para interpretar diferentes versiones de un supuesto “hitman”, termina creando un alter ego carismático, seguro y peligroso que nada tiene que ver con su yo cotidiano. Linklater juega con esta dualidad de forma brillante: el Gary real, lleno de dudas, frente al Gary inventado, que seduce, intimida y domina cualquier situación. Poco a poco, el personaje que creó para el trabajo empieza a invadir su vida privada, obligándolo a preguntarse quién es en realidad.
Madison, interpretada por Adria Arjona, llega a la historia como una mujer que solo quiere escapar de una relación dañina y de una vida donde se siente atrapada. Cuando se cruza con la versión “asesino a sueldo” de Gary, lo ve como una puerta de salida, alguien que puede ayudarla a liberarse… sin saber que en realidad es parte de una operación policial. La química entre ambos es inmediata y eléctrica, pero también está construida sobre un engaño tan grande que parece imposible sostenerlo. Madison representa el impulso de buscar otra vida, incluso si eso implica caminar por la cuerda floja.
Uno de los puntos más interesantes de Cómplices del engaño es cómo explora el juego de las identidades. Gary adopta distintos estilos, acentos y personalidades según el cliente al que deba atrapar, y cada nueva interpretación le abre la puerta a una versión de sí mismo que nunca se atrevió a probar. Lo que comienza como actuación termina transformándose en una fantasía de poder y libertad. La película plantea una pregunta fascinante: si tu versión “actuada” se siente más viva que tu yo real, ¿cuál de las dos es la mentira?
La trama criminal no se queda atrás. Las operaciones encubiertas, las grabaciones, los riesgos legales y las posibles consecuencias de cada encuentro añaden un nivel de tensión constante. Gary está jugando con fuego: si la policía descubre hasta dónde ha llegado su implicación emocional con Madison, puede perderlo todo; si los verdaderos criminales lo descubren, el peligro será literal. La película combina momentos de humor inteligente con escenas cargadas de suspenso, construyendo una experiencia que se siente ligera y, al mismo tiempo, llena de vértigo moral.
La relación entre Gary y Madison es tan encantadora como problemática. Sus citas, sus conversaciones y su conexión genuina se apoyan en una identidad falsa y un secreto enorme que tarde o temprano debe salir a la luz. Linklater usa esta dinámica para hablar sobre la honestidad, el deseo y la idea de que, en el fondo, ambas personas están tratando de escapar de quienes se suponía que debían ser. El romance funciona porque, bajo todas las capas de engaño, hay dos personas solitarias buscando algo real.
Cómplices del engaño (2023) es una mezcla deliciosa de comedia, tensión y romance, con diálogos ágiles, personajes carismáticos y un enfoque muy Linklater: hablar de filosofía, identidad y deseos humanos sin perder el entretenimiento. Con una interpretación brillante de Glen Powell, una Adria Arjona magnética y una puesta en escena que sabe jugar con la ilusión y el peligro, la película se convierte en una opción perfecta para quienes disfrutan historias ingeniosas donde nadie es exactamente quien dice ser. Un juego de máscaras donde enamorarse puede ser el riesgo más grande de todos.