
Dirigida por Alexandre Aja y estrenada en 2013 con el título original Horns, la historia comienza con Ig Perrish (Daniel Radcliffe), un joven marcado por la tragedia tras el asesinato de su novia. Rechazado por su comunidad y señalado como principal sospechoso, Ig despierta una mañana con cuernos creciendo de su cabeza… y con ellos, un extraño poder que obliga a todos a decir la verdad. Lo que parece una maldición absurda pronto se convierte en una herramienta tan peligrosa como reveladora.
Antes incluso de conocer la verdad, el entorno de Ig ya ha decidido su culpabilidad. Amigos que se alejan, miradas cargadas de odio y una sensación constante de aislamiento lo empujan hacia los márgenes de la sociedad. Cada paso que da está acompañado por el peso del juicio público, mostrando cómo el dolor colectivo puede transformarse fácilmente en crueldad.
La figura de Merrin Williams (Juno Temple) atraviesa toda la película como un eco emocional. A través de recuerdos íntimos y momentos de ternura, se revela la profundidad del vínculo que compartían. Esos fragmentos del pasado contrastan brutalmente con el presente de Ig, dejando claro que no solo perdió a la mujer que amaba, sino también la vida que soñaban construir juntos.
A medida que Ig aprende a usar su poder, comienza a descubrir secretos oscuros escondidos bajo rostros aparentemente normales. Personas comunes confiesan impulsos violentos, deseos reprimidos y traiciones silenciosas. La película transforma cada encuentro en una escena incómoda, demostrando que el verdadero horror no proviene de los cuernos, sino de lo que los seres humanos llevan dentro.
Incluso dentro de su propio hogar, Ig siente la distancia. Derrick Perrish (James Remar) intenta sostener a su hijo mientras lucha con su propia impotencia. Esta relación tensa aporta una capa adicional de tristeza al relato, recordando que el dolor no solo afecta al protagonista, sino que se extiende como una sombra sobre todos los que lo rodean.
El tramo final empuja a Ig a tomar decisiones irreversibles. Entre justicia y venganza, entre amor y rabia, debe definir quién es realmente ahora que el mundo lo ve como un monstruo. Cuernos cierra con un tono trágico y simbólico, dejando claro que algunas heridas nunca sanan del todo. Más que una película de terror, es una experiencia emocional oscura que habla sobre culpa, pérdida y el precio de descubrir la verdad.