
Dirigida por Luca Guadagnino y estrenada con el título original Challengers en 2024, esta película mezcla drama romántico, tensión competitiva y exploración emocional alrededor del mundo del tenis profesional. La historia sigue a Tashi, una exjugadora prodigio cuya carrera se ve truncada por una lesión, transformándola en entrenadora de Art, su esposo y estrella en declive. Sin embargo, la trama toma un giro explosivo cuando él debe enfrentarse a Patrick, su antiguo amigo y exnovio de Tashi, desatando una confrontación donde amor, orgullo, deseo y ambición se cruzan dentro y fuera de la cancha.
Tashi es el personaje que mueve todas las piezas. Ya no domina la pista físicamente, pero sí emocional y estratégicamente: decide entrenar a Art con una mirada calculadora, orientada a reconstruirlo como atleta y como figura pública. Su relación con Patrick agrega capas de tensión, atracción reprimida y heridas que nunca cicatrizaron. Tashi encarna el instinto competitivo, pero también el deseo de controlar aquello que antes se le escapó: su carrera, sus relaciones y su legado personal.
Art y Patrick representan dos polos opuestos del éxito. Art es disciplinado, moldeado por la presión y la expectativa; Patrick es caótico, talentoso, impredecible y emocionalmente hambriento. Alguna vez fueron amigos inseparables, unidos por el deporte y la intensidad de la juventud, pero ahora están divididos por resentimiento, celos y oportunidades perdidas. El partido que los enfrenta no solo define una carrera, sino todo lo que reprimieron durante años.
La película no trata únicamente de deporte, sino de vínculos íntimos que se rehúsan a morir. Tashi, Art y Patrick se necesitan, se hieren y se atraen en una dinámica donde el afecto se confunde con competencia. La historia aborda cómo las relaciones pueden convertirse en apuestas personales, especialmente cuando el éxito depende de la mirada del otro. Los personajes no huyen del dolor; lo utilizan para impulsarse y demostrar quién son.
Luca Guadagnino transforma los partidos en coreografías emocionales, utilizando cámara dinámica, montajes intensos y movimientos que transmiten desgaste físico y emocional. Los colores, la música y los silencios elevan cada golpe de raqueta hasta convertirlo en una conversación silenciosa entre los personajes. La película exige atención: cada gesto, mirada y respiración dice más que el diálogo.
El clímax se construye alrededor de un partido cargado de historia, donde lo deportivo es apenas la superficie. Las derrotas previas, la juventud perdida, los vínculos rotos y las verdades no dichas emergen en cada punto disputado. Lo que está en juego no es un trofeo, sino la definición de sí mismos. La cancha funciona como confesionario, campo de batalla y espejo emocional donde todos dejan algo expuesto.
Desafiantes es ideal para quienes buscan cine emocional, sofisticado y con personajes complejos que no se conforman con elecciones simples. La película convierte el tenis en lenguaje afectivo y la ambición en motor narrativo, entregando una historia sobre amor, poder, deseo y renuncia. No se trata de ganar el partido, sino de sobrevivir a quienes amamos.