
Dirigida por Renny Harlin y conocida en inglés como Die Hard 2, Duro de Matar 2 (1990) llegó para demostrar que la franquicia podía ampliar su escala sin perder el encanto caótico y sarcástico que caracterizó a la primera entrega. La película traslada la acción a un escenario completamente distinto —un aeropuerto colapsado en plena tormenta de nieve— y eleva la tensión a niveles aún más extremos, convirtiendo una noche aparentemente normal en un auténtico infierno para John McClane.
Esta vez, McClane (Bruce Willis) espera el aterrizaje del avión donde viaja su esposa, cuando un grupo de mercenarios altamente entrenados toma el control del sistema de comunicaciones del aeropuerto de Dulles. Su objetivo es rescatar al peligroso general Esperanza, un narcotraficante internacional trasladado bajo custodia. Sin aliados confiables, con las autoridades superadas y miles de pasajeros atrapados en el aire con combustible limitado, McClane se ve obligado a enfrentar una amenaza que supera por mucho cualquier situación previa.
El entorno nevado no es solo un detalle estético: es un obstáculo más en la batalla de McClane por sobrevivir. Pasillos oscuros, túneles de mantenimiento, hangares repletos de enemigos y pistas resbalosas crean un campo de batalla donde cada movimiento es un riesgo. La tensión se intensifica al mostrar cómo los vuelos orbitan desesperadamente sin poder aterrizar, aumentando el reloj narrativo que mantiene al espectador sin respirar.
El grupo de antagonistas, liderado por el frío y calculador Coronel Stuart (William Sadler), actúa con disciplina militar y precisión quirúrgica. Esta organización impecable representa un desafío completamente distinto al de la primera película. El guion introduce además giros de traición, unidades policiales incompetentes y un juego psicológico que McClane debe descifrar mientras lucha por mantenerse con vida.
La secuencia de acción sube considerablemente de nivel: enfrentamientos en motonieves, explosiones masivas, tiroteos frenéticos en pasillos estrechos, y un clímax aéreo que se convirtió en una de las escenas más reconocidas de la saga. Renny Harlin dota la película de un ritmo vertiginoso y un estilo visual más exagerado, pero siempre manteniendo el espíritu de supervivencia improvisada que define la franquicia.
Una de las mayores fortalezas de la cinta vuelve a ser su protagonista. McClane se mantiene fiel a su esencia: ingenioso, resistente y constantemente frustrado por tener que “salvar el día” una vez más cuando nadie más es capaz. Su humor ácido en los momentos más peligrosos, sumado a sus heridas y caídas cada vez más dolorosas, consolidan su figura como uno de los héroes de acción más humanos y memorables del cine.
Duro de Matar 2 combina intriga militar, acción al límite y una atmósfera invernal que potencia el suspenso, demostrando que la franquicia podía crecer sin perder identidad. Aunque más grande y ruidosa que la primera, conserva el espíritu que hizo inolvidable a Die Hard: un hombre común enfrentando lo imposible con valor, humor y pura testarudez. Una secuela sólida, intensa y perfectamente acorde a la esencia de John McClane.