
Dirigida nuevamente por John McTiernan y conocida internacionalmente como Die Hard with a Vengeance, Duro de Matar 3: La Venganza (1995) marca un regreso triunfal a la esencia del personaje de John McClane, esta vez fuera de un edificio o aeropuerto, enfrentándose a una amenaza que sacude toda la ciudad de Nueva York. La cinta expande la escala con un juego mortal de pistas, explosiones y persecuciones frenéticas, consolidándose como una de las entregas favoritas de los fans.
En esta ocasión, McClane (Bruce Willis) está en uno de los peores momentos de su vida: suspendido del cuerpo de policía, agotado, alcohólico y completamente fuera de rumbo. De pronto, un misterioso terrorista que se hace llamar Simon exige que McClane participe en una serie de pruebas mortales por toda la ciudad, o detonará bombas letales. El villano no solo parece conocer al policía, sino que disfruta manipulándolo y llevándolo al límite, desencadenando un duelo psicológico tan tenso como explosivo.
Uno de los mayores aciertos del filme es la incorporación de Zeus Carver (Samuel L. Jackson), un civil común que se ve arrastrado a la locura de Simon simplemente por estar en el lugar equivocado. La dinámica entre Zeus y McClane es hilarante, tensa y profundamente humana: discusiones constantes, desconfianza inicial y una evolución hacia un compañerismo lleno de sarcasmo y respeto. La química entre ambos actores convierte cada escena en un espectáculo de energía y ritmo.
A diferencia de las entregas anteriores, esta película despliega su acción a lo largo y ancho de la ciudad: escuelas, estaciones de metro, avenidas congestionadas y lugares emblemáticos que se convierten en escenarios peligrosos. El caos se percibe en cada rincón, mientras McClane y Zeus corren contra el reloj resolviendo acertijos, desactivando explosivos y escapando de situaciones cada vez más extremas. Esta constante movilidad aporta dinamismo y un sentido de urgencia que mantiene el pulso narrativo siempre al máximo.
El villano, interpretado por el brillante Jeremy Irons, es uno de los antagonistas más carismáticos y manipuladores de la saga. Simon combina elegancia, sadismo y una inteligencia estratégica que lo hacen impredecible y peligroso. Su conexión con el pasado de McClane —y con el inolvidable Hans Gruber— agrega un giro emocional y narrativo que eleva la trama a un nivel mucho más personal.
La tercera entrega destaca por alternar explosiones espectaculares con momentos de ingenio puro. Los acertijos matemáticos, las trampas de tiempo limitado y las misiones imposibles crean una estructura de juego mental que convierte cada escena en un desafío tanto para los personajes como para el espectador. Las persecuciones en auto, los choques, las balaceras y las maniobras improvisadas mantienen la adrenalina al máximo.
Duro de Matar 3: La Venganza logra renovar la fórmula sin perder el espíritu original. Su ritmo trepidante, su dupla protagonista inolvidable y un villano icónico la convierten en una de las películas de acción más sólidas de los 90. Más grande, más ingeniosa y más intensa, esta entrega demuestra que John McClane sigue siendo uno de los héroes más humanos y carismáticos del cine.