
Dirigida por Hikari y estrenada en 2025 con el título original Rental Family, Familia en renta sigue a Phillip Vanderploeg, un actor estadounidense que vive en Japón atrapado en trabajos menores tras un efímero éxito publicitario. Su situación económica precaria lo empuja a aceptar un empleo tan absurdo como revelador: trabajar para una empresa que alquila familiares y amigos sustitutos a personas que necesitan cumplir expectativas sociales. Desde el inicio, la película deja claro que esta premisa no se usará para el humor fácil, sino como punto de partida para explorar la soledad, la identidad y el deseo humano de conexión.
Phillip entra a Rental Family como “el extranjero de turno”, interpretando roles que no le pertenecen: prometido, padre ausente, amigo confiable. Con spoilers claros, la historia muestra cómo su primer gran encargo —fingir ser el prometido de Yoshie para permitirle celebrar una boda tradicional antes de emigrar con su esposa— lo enfrenta a una verdad incómoda: incluso los vínculos falsos pueden generar emociones reales. Lo que comienza como un simple contrato se transforma en una experiencia íntima que lo obliga a replantearse qué significa realmente estar presente para alguien.
Uno de los arcos más potentes es la relación entre Phillip y Mia, una niña hāfu cuya madre lo contrata para que actúe como su padre distante y así facilitar su ingreso a una escuela privada. Al principio, Mia rechaza a ese adulto que aparece de repente en su vida, pero poco a poco se forma un lazo genuino. La película no oculta que Phillip llega a sacrificar oportunidades profesionales reales por no abandonar a la niña, demostrando cómo un rol ficticio puede convertirse en una responsabilidad emocional auténtica.
En paralelo, Phillip acepta un trabajo delicado: acompañar a Kikuo Hasegawa, un actor retirado con demencia, fingiendo ser un periodista interesado en su carrera. Este vínculo se vuelve profundamente humano cuando Phillip accede a llevarlo, contra las reglas de la empresa, a su hogar de infancia. Con spoilers evidentes, esta decisión desencadena un conflicto legal y moral, pero también uno de los momentos más conmovedores del film, cuando Kikuo recupera brevemente su pasado y agradece haber sido escuchado.
Familia en renta no idealiza el servicio que retrata. A través de otros trabajadores, como Aiko, expone los abusos normalizados y la violencia encubierta en ciertos encargos, especialmente aquellos diseñados para sostener mentiras ajenas. Phillip confronta al dueño de la empresa, acusándolo de usar relaciones falsas para llenar vacíos sin sanar. La película deja claro que, aunque algunos vínculos nacen del cuidado, el sistema en sí mismo puede ser deshumanizante si no se cuestiona.
El cierre de Familia en renta es sereno y honesto. Phillip es liberado, Kikuo fallece en paz y Mia logra ingresar a la escuela. No hay finales grandilocuentes, solo la aceptación de que algunas conexiones, aunque temporales o nacidas de una mentira, pueden dejar huellas reales. Phillip continúa trabajando en Rental Family, ahora transformada, entendiendo que pertenecer no siempre depende de la sangre ni del contrato, sino del cuidado sincero. La película concluye como una reflexión íntima sobre la necesidad humana de ser visto, incluso en un mundo que alquila afectos.