
Dirigida por Lawrence Fowler y estrenada con el título original Jack in the Box: Rise of the Jack-in-the-Box Killer, esta entrega de 2024 continúa la saga de terror iniciada por el juguete mecánico maldito que mata sin piedad. En esta tercera parte, el Jack-in-the-Box retorna con nuevos poderes, mayor inteligencia y un plan que va más allá del simple ataque: busca dominar a quienes lo activan, manipular la tecnología y extender la pesadilla a escala global. La trama combina slasher clásico, tecnología letal y humor macabro en dosis intensas que buscan sacudir al fan del horror.
La historia arranca cuando un coleccionista compra una versión antigua de la caja musical que desencadena el mal. El juguete, activado sin saberlo, reaparece en nuevas plataformas: videojuegos, realidad aumentada e internet viral, expandiendo su maldad hacia víctimas conectadas digitalmente. Esta evolución transforma al asesino tradicional en un fenómeno tecnológico, lo que multiplica su alcance y cambia las reglas del juego.
El grupo central incluye estudiantes de informática, influencers y técnicos que creen estar manipulando un simple objeto vintage para volverlo viral. Pero conforme juegan con él, descubren que el mal no es juego. Las escenas están llenas de trampas mecánicas, pantallas que se tiñen de rojo y giros que combinan lo físico con lo digital. Las víctimas evolucionan: ya no son solo el típico grupo de adolescentes, sino personajes con perfiles tecnológicos, lo que da frescura al clásico slasher.
El film añade un nuevo componente: el Jack-in-the-Box ahora integra algoritmos y redes que aprenden de los miedos de las víctimas. Esto hace que el asesino sea impredecible, estratégico y relevante para nuestra era hiperconectada. La tensión no solo nace del cuchillo y los jumpscares, sino de la sensación de que lo que estamos usando para diversión puede volverse nuestro verdugo. Este giro contemporáneo revitaliza la franquicia sin renunciar a su núcleo sangriento.
La dirección apuesta por edición ágil, planos cerrados por cámaras de vigilancia, efectos prácticos y CGI ligero para fusionar lo tangible con lo digital. Las escenas de mayor impacto están concebidas como “juegos” macabros donde el juguete se convierte en maestro y las víctimas en piezas. El ritmo rara vez decae, con clepsidras simbólicas, cuenta regresiva y un crescendo musical que acompaña el ascenso del terror.
Aunque la película se inclina hacia la violencia y el espectáculo, no olvida el trasfondo emocional: la culpa de creadores que buscan fama, la explotación de lo vintage y lo peligroso de jugar con símbolos de terror. Los personajes reflexionan sobre el legado violento del juguete y cómo revivirlo es parte del problema cultural de glorificar lo macabro. Esto añade una capa de crítica ligera sobre cómo consumimos entretenimiento violento.
Jack en la caja maldita 3: El ascenso es ideal para quienes buscan horror con sustos rápidos, tecnología maligna y un toque de ironía. No es cine profundo, pero cumple como entretenimiento lleno de tensión, sangre y actualización de tema. Una película que demuestra que los juguetes siguen siendo los peores enemigos cuando activamos lo que no entendemos.