
Dirigida por Oliver Parker y conocida en su título original como Johnny English Reborn, esta secuela de 2011 marca el regreso del agente secreto más torpe y entrañable del Reino Unido, interpretado nuevamente por Rowan Atkinson. Tras los eventos de la primera entrega, English regresa a la acción luego de un exilio autoimpuesto, dispuesto a limpiar su nombre y demostrar que aún puede salvar al mundo… aunque sus métodos sigan siendo un desastre.
La película inicia con Johnny English entrenando en un monasterio remoto tras un fiasco ocurrido en Mozambique. Sin embargo, el MI7 vuelve a necesitarlo cuando surge una conspiración internacional que amenaza con desestabilizar gobiernos y líderes mundiales. A su regreso a Londres, English descubre un servicio secreto renovado —ahora llamado “Toshiba British Intelligence”— con nuevas jerarquías, tecnologías modernas y agentes jóvenes que no están del todo convencidos de su capacidad.
La historia gira en torno a una misteriosa organización conocida como Vortex, vinculada a un plan para asesinar al primer ministro chino durante una cumbre mundial. English deberá descubrir a los tres miembros clave involucrados, aunque uno de ellos podría estar infiltrado dentro del propio MI7. A lo largo de su misión, viaja desde Suiza hasta Hong Kong, pasando por persecuciones, interrogatorios fallidos y enfrentamientos donde su torpeza siempre complica —o accidentalmente resuelve— la situación.
Si bien conserva el estilo de comedia gestual característico de Atkinson, la secuela introduce un humor más variado, incorporando sátira tecnológica, parodias del espionaje moderno y un tono ligeramente más elegante. Escenas como la silla motorizada fuera de control, la infiltración con gadgets de última generación o su enfrentamiento con una anciana asesina ponen en evidencia el equilibrio entre acción y comedia ridícula.
English trabaja junto al joven y capaz agente Tucker (Daniel Kaluuya), quien actúa como soporte técnico y voz de la razón, mientras que Kate Sumner (Rosamund Pike), psicóloga del MI7, aporta un interés afectivo y profesional. Además, Gillian Anderson interpreta a la estricta jefa Pegasus, cuya paciencia con English es constantemente puesta a prueba. Cada personaje complementa el caos del protagonista, creando dinámicas cómicas sin perder el ritmo narrativo.
A nivel visual, la película presenta una mayor escala respecto a la primera entrega: locaciones internacionales, persecuciones más elaboradas y escenas de combate mejor coreografiadas. Aunque sigue siendo una parodia, el enfoque visual se acerca más a una producción de espionaje moderna, reforzando la idea de que, pese a su incompetencia, English sigue involucrado en amenazas reales de nivel global.
A diferencia de la película original, esta secuela le da a English un arco de redención: no es solo un torpe funcionario, sino alguien marcado por errores del pasado que intenta reivindicarse. El humor continúa siendo protagonista, pero mezclado con un trasfondo personal sobre responsabilidad, confianza y segundas oportunidades. Este matiz permite que la película resulte más equilibrada y menos puramente absurda.
Johnny English Reborn es una comedia de acción que mantiene la esencia del personaje, pero con una producción más pulida y un enfoque internacional que la hace más ambiciosa. Ideal para quienes disfrutan del humor británico, las parodias de espías y el carisma inconfundible de Rowan Atkinson, esta secuela demuestra que incluso el peor agente del mundo puede tener una segunda oportunidad… aunque destruya medio planeta en el proceso.