
Dirigida por David Kerr y estrenada con el título original Johnny English Strikes Again, esta tercera entrega llega en 2018 para reunir nuevamente al agente más torpe del espionaje británico, interpretado por Rowan Atkinson. En un mundo dominado por la tecnología, hackers y vigilancia digital, la película plantea un choque directo entre la era moderna y los métodos anticuados —y desastrosos— de English, creando una aventura llena de humor físico, sátira y acción ligera.
La trama inicia cuando un ciberataque revela la identidad de todos los agentes encubiertos del Reino Unido, dejando al gobierno sin operativos activos. Ante la emergencia, el MI7 decide recurrir a antiguos agentes retirados para enfrentar la amenaza, entre ellos Johnny English, ahora convertido en un maestro escolar que anhela volver a la acción. Su misión: rastrear al misterioso hacker responsable y detener una operación global capaz de controlar infraestructuras esenciales del país.
Uno de los ejes centrales de la película es la confrontación entre espionaje moderno y técnicas tradicionales. English, incapaz de adaptarse al mundo digital, apuesta por métodos «old school»: autos clásicos, disfraces ridículos, espionaje físico y gadgets anticuados. Esta idea se convierte en un recurso cómico constante, especialmente en escenas como el entrenamiento de realidad virtual, la misión nocturna en un barco o el desastre provocado con su teléfono analógico.
La película lleva al protagonista desde Londres hasta el sur de Francia, combinando paisajes costeros, castillos, hoteles de lujo y eventos diplomáticos. Aunque el enfoque sigue siendo humorístico, la cinta presenta persecuciones en carretera, infiltraciones, sabotajes y secuencias de acción más estilizadas que en entregas anteriores, reforzando el tono de parodia del cine de espionaje contemporáneo.
Johnny English vuelve a contar con el apoyo del inseparable Bough (Ben Miller), quien regresa después de no aparecer en la segunda película, aportando sensatez y habilidades reales a la misión. En cuanto al antagonista, el rol recae en Jason Volta (Jake Lacy), un carismático empresario tecnológico con aspiraciones globales y vínculos directos con el gobierno británico. La presencia de Ophelia (Olga Kurylenko), una espía misteriosa con motivaciones ambiguas, añade un equilibrio entre misterio, elegancia y comedia.
La cinta mantiene el sello de Atkinson con humor gestual y torpezas exageradas, pero también incorpora sátira sobre la dependencia tecnológica, la política internacional y la influencia de las corporaciones digitales en los gobiernos. Momentos como la secuencia del barco, la cena con dispositivos explosivos y el caos diplomático en la cumbre final recuerdan que, aunque incompetente, English siempre encuentra la forma más absurda de salvar el día.
A nivel técnico, la película muestra una estética más moderna y limpia, con efectos visuales pulidos, mayor uso de tecnología en pantalla y una dirección más dinámica. Sin perder su esencia humorística, la producción adopta elementos visuales propios de franquicias de espionaje contemporáneo, reforzando el contraste entre el mundo actual y los métodos arcaicos del protagonista.
Johnny English Strikes Again ofrece una comedia ligera y efectiva que funciona tanto como cierre de la saga como una aventura independiente. Aunque no rompe moldes, conserva el encanto del personaje y adapta su humor a nuevos tiempos sin perder autenticidad. Ideal para fans de la comedia británica, las parodias de espías y quienes simplemente quieran reírse de un mundo donde la tecnología lo controla todo… menos a Johnny English.