
Dirigida por Erlingur Thoroddsen y estrenada con el título original The Piper, esta película de 2023 mezcla terror sobrenatural con música, explorando cómo un encargo artístico puede convertirse en una trampa mortal. La historia sigue a una joven compositora que recibe la tarea de terminar el concierto inacabado de su difunto mentor. Lo que parece una oportunidad única pronto revela raíces oscuras: al tocar ciertas notas, abre una puerta a una fuerza antigua y sangrienta que acecha no solo las partituras, sino la vida de quienes se acercan al sonido maldito.
Melanie es retratada como una compositora brillante pero insegura, atrapada entre el deseo de reconocimiento y la carga de vivir a la sombra de su maestro fallecido. Acepta el encargo como una forma de demostrar su valía, pero descubre que esa elección la expone a riesgos que van más allá de la música. Su viaje emocional se vuelve conflicto vital: ¿seguirá las notas o guardará su alma? La película la presenta como artista en crisis que debe decidir qué parte de su talento entregará al arte… y cuál guardará para su supervivencia.
La partitura que Melanie debe completar no es solo obra musical, sino vínculo con pasado, venganza y poder sobrenatural. Al tocar ciertas secciones, comienza a manifestarse una presencia oscura vinculada a la leyenda del flautista de Hamelín, reinterpretada en clave de terror moderno. El filme sugiere que la música puede contener intenciones letales y que el sonido, lejos de ser inofensivo, puede herir, seducir o matar. Esta idea transforma el estudio, los instrumentos y las partituras en lugares de peligro.
El mentor de Melanie, ahora fallecido, aparece en ecos, grabaciones antiguas y sugerencias de manipulación. Su legado incluye no solo música, sino una oblea de muerte que Melanie debe descifrar. Al mismo tiempo, un rival emerge: otro músico que compite por la exaltación artística, provocando tensiones que el mal no tarda en explotar. La película construye una línea donde competencia creativa, miedo al fracaso y ambición desenfocada se convierten en combustible para la entidad maligna que espera tras cada nota mal tocada.
La dirección utiliza un diseño sonoro detallado: silencios que duelen, notas que resuenan y ambientes orquestales que se convierten en trampas. Visualmente, la cinta recurre a espacios cerrados, estudios de grabación, pasillos en penumbra y reflejos de cristal donde la música aparece como energía visible. Los sustos no se centran en apariciones bruscas, sino en el efecto psicológico del sonido, en la espera y en la invasión de lo que se percibe como bello pero se transforma en mal. El terror se siente en los tiempos muertos tanto como en los golpes sonoros.
La película plantea que la creación no está exenta de responsabilidad, y que muchas veces el talento se pone al servicio de fuerzas que no se comprenden ni se pueden controlar. Melanie debe decidir si seguirá las instrucciones del pasado o interrumpirá la partitura antes de que el mal complete su sinfonía. El filme reflexiona sobre cómo el arte puede volverse arma, y cómo la admiración puede dejar de ser homenaje para convertirse en servidumbre.
La melodía del diablo es ideal para quienes buscan una propuesta de terror distinta, donde la música es protagonista tanto como el miedo, y donde el talento artístico choca con lo sobrenatural. No es terror ligero ni de sustos fáciles, sino horror que infiltra lo cotidiano: la partitura, el estudio, el silencio antes del movimiento. Una película que demuestra que hasta la nota más hermosa puede ser el preludio de un grito.