
Dirigida por John Erick Dowdle y producida por M. Night Shyamalan, La reunión del diablo (*Devil*) es un thriller sobrenatural ambientado casi íntegramente en un ascensor. Con un enfoque minimalista y una atmósfera claustrofóbica, la película combina misterio, terror psicológico y elementos religiosos para construir una historia sencilla pero efectiva.
En un edificio de oficinas en Filadelfia, cinco desconocidos quedan atrapados en un ascensor: un guardia de seguridad, una mujer mayor, un vendedor de colchones, una joven elegante y un misterioso hombre. A medida que el tiempo pasa, fenómenos inexplicables comienzan a ocurrir y las tensiones aumentan. Mientras tanto, un detective investiga desde afuera sin poder intervenir directamente. Lo que parece un accidente técnico pronto se revela como algo mucho más oscuro.
El elenco, compuesto por Chris Messina, Logan Marshall-Green, Bojana Novakovic y Jenny O’Hara, ofrece actuaciones contenidas que sirven a la atmósfera de tensión constante. Nadie busca brillar individualmente, sino contribuir al suspenso colectivo. La interacción entre los personajes atrapados es clave para mantener la intriga.
Dowdle utiliza el espacio reducido del ascensor con ingenio, recurriendo a encuadres cerrados, cortes precisos y juegos de luz para generar tensión sin necesidad de mostrar demasiado. El montaje alterna entre el encierro y la investigación exterior, creando un pulso narrativo constante. La iluminación parpadeante y los reflejos en los espejos refuerzan la sensación de presencia sobrenatural.
La música de Fernando Velázquez utiliza cuerdas tensas y golpes sonoros para acentuar momentos clave. Sin embargo, el verdadero protagonista son los silencios prolongados y los ruidos mecánicos del ascensor, que se convierten en señales de amenaza inminente. El diseño sonoro contribuye significativamente a la atmósfera opresiva.
La reunión del diablo (2010) es una propuesta breve, directa y efectiva que combina el suspenso clásico con un trasfondo moral inspirado en leyendas religiosas. Sin necesidad de grandes efectos ni extensas localizaciones, logra generar tensión constante y cerrar con un giro coherente. Es un ejemplo sólido de cómo una idea sencilla puede sostener un thriller sobrenatural envolvente.