
Dirigida por Azazel Jacobs y estrenada en 2023 con el título original His Three Daughters, esta película es un drama emocionalmente poderoso que sigue a tres hermanas reunidas en el apartamento de su padre moribundo. Con una narrativa íntima, actuaciones sólidas y una sensibilidad casi teatral, el filme explora las tensiones, los silencios y los vínculos invisibles que emergen cuando la familia se enfrenta a su momento más vulnerable.
La mayor parte de la película transcurre dentro del hogar del padre, un espacio cargado de recuerdos, resentimientos y conversaciones incómodas. Ese ambiente cerrado convierte cada gesto y cada palabra en algo más intenso. Las hermanas, obligadas a convivir en un lugar que huele a pasado, chocan entre sí a medida que intentan decidir cómo enfrentar la inminente pérdida. El apartamento es casi un personaje propio: testigo silencioso de heridas antiguas y de una unión que se resiste a romperse.
Cada una de las protagonistas encarna una forma distinta de lidiar con el duelo. Una se aferra al control, otra intenta evitar el conflicto y la tercera está atrapada entre la angustia y el deseo de escapar. Sus personalidades chocan, se desgarran y, a veces, se sostienen entre sí. La película retrata con sutileza cómo la familia puede ser tanto refugio como tormenta, y cómo los lazos fraternales se tensan cuando el amor se mezcla con años de frustraciones no resueltas.
La proximidad de la pérdida obliga a las hermanas a revisitar recuerdos dolorosos, decisiones equivocadas e incluso momentos de cariño que parecían perdidos. La película no romantiza la muerte: la muestra como un proceso duro que revela el verdadero carácter de cada una. A medida que el final del padre se acerca, la familia se enfrenta a la culpa, el miedo y la necesidad de perdón. El duelo se convierte en una oportunidad para comprenderse —aunque sea tarde— de una manera más honesta.
Azazel Jacobs construye un drama que parece tan real que duele. Los diálogos, llenos de vacíos incómodos y estallidos repentinos, reflejan conversaciones que muchos preferirían evitar. Las interpretaciones capturan la vulnerabilidad de los personajes sin exageraciones, dejando que la emoción fluya con naturalidad. La cámara se mantiene cerca, mostrando miradas tensas, respiraciones cortas y pequeñas señales de afecto que emergen en medio del caos emocional.
El cierre llega con una mezcla de tristeza y alivio. Las hermanas, después de días de conflicto y confesiones, encuentran una forma imperfecta pero sincera de reconciliarse con el pasado. La muerte del padre no es el final del dolor, pero sí el inicio de una nueva comprensión entre ellas. “Las tres hijas” deja una sensación profunda y humana: incluso en los momentos más oscuros, la familia puede ser el lugar donde, finalmente, uno aprende a mirar a los demás con compasión.