
Dirigida por Zelda Williams y escrita por Diablo Cody, Lisa Frankenstein es una comedia oscura estrenada en 2024 que mezcla romance adolescente, terror, humor satírico y un estilo visual retro inspirado en los años ochenta. La historia sigue a una joven inadaptada que, marcada por trauma y soledad, revive accidentalmente a un cadáver del cementerio local y decide convertirlo en el compañero perfecto. La película combina humor ácido, estética camp, gore ligero y un enfoque emocional sobre la búsqueda de identidad y afecto en un mundo donde encajar parece imposible.
Lisa es una adolescente que no logra adaptarse a su nuevo entorno tras la pérdida de su madre y la presión de un hogar disfrazado de normalidad. Rodeada de figuras familiares superficiales y compañeros insensibles, se refugia en fantasías románticas oscuras, especialmente en la tumba de un desconocido del siglo XIX que representa todo lo que el mundo real no le ofrece: belleza idealizada, atención y silencio emocional. Su viaje se centra en recuperar agencia y reconstruir identidad sin ceder a las expectativas sociales.
El despertar del cadáver no es una resurrección tradicional, sino una transformación guiada por afecto, magia involuntaria y la necesidad de ambos personajes de conectar. La criatura, silenciosa e ingenua, se convierte en espejo emocional de Lisa, reflejando sus deseos profundos y su necesidad de ser vista. A medida que intenta volverlo “perfecto”, la película plantea una crítica satírica sobre los ideales románticos extremos y la obsesión por moldear a otros según expectativas personales.
La relación entre Lisa y la criatura deriva en situaciones absurdas donde la protagonista comete actos cuestionables para “mejorar” a su compañero, desde manipulación corporal hasta decisiones moralmente turbias. El tono combina ternura con irreverencia y sangre estilizada, evitando el horror realista para abrazar lo grotesco desde la comedia. Cada crimen funciona como liberación simbólica de traumas reprimidos y como sátira sobre el amor tóxico disfrazado de destino romántico.
La película destaca por su dirección artística: neones, vestuarios llamativos, peinados ochenteros y una iluminación que mezcla tonos pastel con sombras intensas. La música, la edición y el diseño de producción refuerzan una atmósfera camp que equilibra nostalgia y estilización moderna. A diferencia de adaptaciones góticas solemnes, esta versión abraza el sarcasmo visual y el exceso estético como parte del encanto.
Más allá del humor, la historia explora cómo el dolor puede llevar a conductas extremas, y cómo la necesidad de sentirse amado puede deformar el juicio moral. Lisa busca control emocional tras la pérdida, mientras la criatura intenta entender qué significa estar vivo en un mundo hostil. Ambos personajes representan marginación y reconstrucción, enfatizando que el amor sano no nace del moldear al otro, sino de aceptar imperfecciones.
Lisa Frankenstein es ideal para quienes disfrutan historias irreverentes, romances oscuros y películas con identidad estética fuerte. No busca realismo ni sentimentalismo tradicional, sino una mezcla de sátira, ternura y humor mórbido con personalidad propia. Una carta de amor a los inadaptados con un toque gótico-pop que reinventa el mito Frankenstein desde el deseo y el caos adolescente.