
Dirigida por Victor Fleming —con contribuciones de George Cukor y Sam Wood—, Lo que el viento se llevó (título original: Gone with the Wind) (1939) es uno de los filmes más icónicos de la era dorada de Hollywood. Basada en la novela de Margaret Mitchell, la película combina romance, drama histórico y un relato profundamente emocional ambientado durante la Guerra Civil estadounidense y la posterior Reconstrucción. Con una producción majestuosa, actuaciones memorables y un legado cinematográfico inmenso, es considerada una obra monumental del séptimo arte.
La historia sigue a Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), una joven sureña caprichosa, apasionada y determinada que lucha por mantener su mundo intacto mientras la guerra destruye todo lo que conoce. Su obsesión por Ashley Wilkes (Leslie Howard) y su compleja relación con el carismático Rhett Butler (Clark Gable) trazan un retrato profundo de una mujer impulsada por el deseo y la supervivencia. Scarlett no es solo una heroína romántica: es un personaje marcado por contradicciones que refleja ambición, egoísmo y resiliencia.
Más allá del romance, la película muestra las devastadoras consecuencias de la guerra: la destrucción de plantaciones, la pobreza, el colapso social y el sufrimiento humano. La transformación de Scarlett se desarrolla a través de estas adversidades, donde pasa de ser una joven privilegiada a una mujer endurecida por la necesidad. Su juramento frente a la tierra de Tara —“¡Juro que jamás volveré a pasar hambre!”— es uno de los momentos más icónicos en la historia del cine.
La interpretación de Vivien Leigh como Scarlett es considerada una de las actuaciones más impactantes jamás registradas en pantalla, combinando dramatismo, fragilidad y fuerza emocional. Clark Gable, por su parte, ofrece una actuación magnética como Rhett Butler, el hombre que iguala a Scarlett en orgullo y pasión. También destacan Hattie McDaniel, quien interpretó a Mammy y se convirtió en la primera actriz afroamericana en ganar un Óscar, y Olivia de Havilland como la noble y compasiva Melanie Hamilton.
Con casi cuatro horas de duración, vestuarios elaborados, locaciones fastuosas y una banda sonora poderosa, Lo que el viento se llevó redefinió lo que podía ser una superproducción. Su fotografía en Technicolor marcó un antes y un después en la industria, ofreciendo imágenes vibrantes que aún hoy resultan impresionantes. La escala épica, el detallismo visual y la ambición narrativa la convirtieron en un evento cinematográfico sin precedentes.
La película también ha sido objeto de debate debido a su representación del sur esclavista, su visión romántica de la Confederación y estereotipos raciales heredados de su época. Aunque su impacto artístico es indiscutible, hoy se revisa desde una perspectiva crítica que reconoce su relevancia histórica pero también sus problemáticas ideológicas. Esta dualidad la mantiene en conversación constante entre cinéfilos, historiadores y críticos.
Lo que el viento se llevó no solo es un romance épico, sino un retrato emocional de ambición, tragedia y supervivencia. Con personajes complejos, una historia inolvidable y un legado que ha trascendido generaciones, sigue siendo una obra fundamental para quienes desean comprender la evolución del cine y el poder narrativo de las grandes superproducciones de Hollywood.