
Dirigida por Adrian Lyne, Lolita (título original: Lolita) es una adaptación provocadora y profundamente emotiva de la novela homónima escrita por Vladimir Nabokov. Protagonizada por Jeremy Irons y Dominique Swain, la película explora los límites del deseo, la moralidad y la obsesión, envolviendo su controvertido argumento en una puesta en escena elegante, melancólica y cargada de simbolismo.
La historia sigue a Humbert Humbert (Jeremy Irons), un profesor de literatura británico que llega a Estados Unidos en los años 40. Alojándose en la casa de Charlotte Haze (Melanie Griffith), conoce a su hija adolescente Dolores “Lolita” Haze (Dominique Swain), una joven coqueta e ingenua que despierta en él una atracción obsesiva. Lo que comienza como una fascinación peligrosa se transforma en una relación que arrastra a ambos por un camino de deseo, manipulación y culpa, con consecuencias devastadoras.
Jeremy Irons entrega una interpretación sublime y atormentada, mostrando la complejidad emocional de un hombre consumido por su obsesión. Su voz en off, cargada de poesía y remordimiento, guía al espectador por su mente fracturada. Dominique Swain sorprende con una actuación madura y desafiante, encarnando a Lolita con una mezcla de inocencia y rebeldía que evita el estereotipo. Melanie Griffith y Frank Langella completan el elenco con actuaciones sólidas que aportan equilibrio al drama.
Adrian Lyne, conocido por películas como 9½ Weeks y Unfaithful, utiliza su característico estilo visual para construir una atmósfera sensual y trágica. La fotografía de Howard Atherton recurre a tonos cálidos y dorados que contrastan con la oscuridad moral del relato. Los paisajes americanos, las carreteras infinitas y las habitaciones vacías reflejan el vacío emocional de los personajes. Cada plano está cargado de simbolismo, mostrando cómo la belleza puede ocultar el sufrimiento.
La música de Ennio Morricone es una pieza fundamental del filme. Su partitura combina romanticismo y melancolía, intensificando la tensión emocional y el conflicto moral de la historia. Las notas suaves y repetitivas evocan tanto la dulzura del amor idealizado como la inevitable caída hacia la tragedia.
Lolita (1997) —Lolita— es una obra tan hermosa como incómoda, una exploración del deseo y la culpa que desafía al espectador a mirar más allá de la superficie. Adrian Lyne ofrece una adaptación elegante, más introspectiva que provocadora, donde el amor se convierte en una prisión y la inocencia se disuelve en el dolor. Una película que combina estética y profundidad moral para recordar que, en el corazón de la obsesión, no hay placer sin destrucción.