
Dirigida por Dan Mazer y estrenada en 2016 con el título original Dirty Grandpa… la película arranca con Jason Kelly, un joven abogado estructurado y predecible que se ve obligado a llevar a su abuelo Dick a Florida tras la muerte de su esposa. Lo que Jason espera que sea un trayecto tranquilo se transforma rápidamente en una pesadilla cuando descubre que su abuelo no solo no está de luto, sino que tiene una energía desbordada y planes que chocan frontalmente con su vida ordenada. Desde el primer kilómetro, el viaje se convierte en una colisión generacional inevitable.
Dick Kelly, interpretado por Robert De Niro, rompe con cualquier imagen tradicional de la tercera edad. Vulgar, provocador y absolutamente irresponsable, Dick no tiene interés en comportarse como se espera de él. La película construye su humor a partir del choque entre su libertad sin complejos y la rigidez moral de Jason. Lejos de ser un mentor amable, el abuelo actúa como una fuerza caótica que empuja a su nieto a situaciones cada vez más incómodas.
Jason, interpretado por Zac Efron, vive una existencia marcada por expectativas ajenas. Está comprometido con una mujer controladora y a punto de iniciar una carrera que no le genera entusiasmo real. A lo largo del viaje, Dick expone sin piedad las contradicciones de su nieto, obligándolo a cuestionar si la vida que ha construido responde a sus deseos o solo a lo que otros esperan de él. La comedia se apoya en esa tensión entre obediencia y deseo reprimido.
El recorrido hacia Florida está plagado de fiestas, encuentros sexuales y situaciones humillantes que llevan a Jason al límite. Cada parada es una prueba de resistencia emocional, donde la vergüenza se mezcla con una liberación progresiva. La película no busca sutileza: el humor es explícito y deliberadamente incómodo, utilizando el exceso como herramienta para romper la coraza del protagonista y exponer su inseguridad.
Bajo la capa de comedia escandalosa, surge una conversación más honesta sobre el miedo a vivir y a equivocarse. Dick confiesa que su comportamiento no nace solo del desenfreno, sino del rechazo a morir sin haber vivido plenamente. Jason, por su parte, comienza a entender que seguir el camino “correcto” no garantiza felicidad. Este intercambio le da a la película un respiro emocional en medio del caos.
Mi abuelo es un peligro cierra con Jason tomando una decisión que rompe con su vida planificada. El viaje no convierte al abuelo en un ejemplo moral, pero sí en un catalizador del cambio. La película apuesta por una comedia irreverente que utiliza el escándalo para hablar de identidad y libertad personal. No todos los chistes envejecen bien, pero el mensaje es claro: vivir sin cuestionarse puede ser más peligroso que cualquier abuelo fuera de control.