
Dirigida por Frank Darabont, Milagros inesperados (título original: The Green Mile) (1999) es una adaptación de la novela de Stephen King que mezcla drama penitenciario, elementos sobrenaturales y reflexiones profundas sobre la justicia, la compasión y la condición humana. La historia presenta un tono sereno, introspectivo y emocional, acompañado de una ambientación histórica impecable y un desarrollo narrativo pausado pero poderoso.
El relato es conducido por Paul Edgecomb (Tom Hanks), un guardia de prisión encargado de supervisar a los condenados a muerte en la llamada “milla verde”, nombre que recibe el pasillo que conduce hacia la silla eléctrica. A través de su mirada, conocemos la rutina disciplinada, la convivencia forzada con reclusos peligrosos y el peso psicológico que implica presenciar ejecuciones. Paul es un hombre justo, empático y profundamente afectado por el sufrimiento que lo rodea.
La historia da un giro trascendental con la llegada de John Coffey (Michael Clarke Duncan), un hombre enorme, de aspecto intimidante, pero con una personalidad infantil, humilde y bondadosa. Coffey es acusado de un crimen brutal, pero su comportamiento pacífico y su sensibilidad hacen que Paul y sus compañeros comiencen a cuestionar su verdadero papel en la tragedia. Pronto descubren que posee un misterioso don sobrenatural capaz de sanar heridas, expulsar enfermedades y percibir el dolor ajeno.
La película profundiza en dilemas éticos complejos: ¿qué ocurre cuando un inocente es condenado? ¿Puede la justicia cumplir su propósito si parte de una verdad incompleta? Paul y su equipo enfrentan decisiones moralmente desgarradoras mientras la verdad detrás de Coffey sale a la luz. La cinta retrata la injusticia estructural, el prejuicio racial y el peso emocional que recae sobre quienes aplican sentencias sin poder cuestionarlas.
Milagros inesperados destaca por un elenco extraordinario. Tom Hanks interpreta a un líder compasivo y atormentado, mientras que Michael Clarke Duncan entrega una actuación profundamente emotiva que le valió reconocimiento internacional. El resto del reparto —entre ellos David Morse, Sam Rockwell y James Cromwell— aporta matices que enriquecen cada escena. Darabont dirige con precisión y delicadeza, permitiendo que la historia respire y emocione sin recurrir al melodrama.
Aunque la película está centrada en el drama humano, los elementos sobrenaturales juegan un papel clave para representar el dolor, la esperanza y la posibilidad de redención. Coffey encarna una figura casi mística, un ser marcado por el sufrimiento y la incomprensión. Esta mezcla crea una experiencia cinematográfica intensa, espiritual y profundamente conmovedora.
Milagros inesperados es una obra poderosa sobre el perdón, el sacrificio y el impacto del dolor humano. Con un guion sólido, actuaciones magistrales y una narrativa que conmueve hasta las lágrimas, sigue siendo una de las películas más emotivas de los años 90. Perfecta para quienes buscan historias profundas que dejen una huella duradera.