
Dirigida por Eiichirō Hasumi, Resident Evil: Isla de la muerte (título original: Resident Evil: Death Island) es una película animada japonesa de acción y terror basada en la popular franquicia de Capcom. Esta entrega continúa la línea de las producciones animadas iniciadas con Resident Evil: Degeneration y Resident Evil: Vendetta, reuniendo a los personajes más icónicos de la saga en una misión conjunta. Con un ritmo frenético, secuencias espectaculares y una historia llena de referencias, es un festín para los fanáticos del universo de zombis y virus letales.
La historia comienza cuando una misteriosa infección se propaga en San Francisco, dejando a las autoridades desconcertadas. Leon S. Kennedy (Matthew Mercer) investiga el secuestro de un científico que podría tener la clave del virus, mientras Chris Redfield (Kevin Dorman) y Jill Valentine (Nicole Tompkins) siguen el rastro de un brote biológico con patrones inusuales. Las pistas los conducen a la Isla de Alcatraz, donde descubren un laboratorio oculto y una nueva cepa del Virus T que amenaza con desatar el caos global. La misión se convierte en una carrera contrarreloj llena de acción, mutaciones y pesadillas biotecnológicas.
El mayor atractivo de la cinta es el regreso de los héroes clásicos del videojuego: Leon, Chris, Jill, Rebecca Chambers y Claire Redfield. Cada uno aporta su experiencia y personalidad, formando un equipo que combina carisma, fuerza y nostalgia. Jill Valentine tiene un arco emocional relevante, enfrentando las secuelas psicológicas de su pasado bajo el control de Umbrella, mientras Leon y Chris continúan siendo pilares de la acción y el liderazgo. La interacción entre ellos ofrece momentos de camaradería y guiños a los fans más veteranos.
La película destaca por su animación en CGI de alta calidad, con un nivel de detalle notable en las texturas, movimientos y expresiones. Las secuencias de combate están cuidadosamente coreografiadas, combinando acción militar con horror visceral. La ambientación de Alcatraz —con sus pasillos húmedos, celdas oscuras y laboratorios clandestinos— potencia la sensación de claustrofobia y amenaza constante. El tono visual mezcla realismo con dramatismo cinematográfico, manteniendo el estilo de la saga animada.
La banda sonora de Rei Kondoh refuerza el ambiente tenso con una mezcla de percusión, sintetizadores y sonidos ambientales. Los momentos de acción están acompañados por composiciones intensas, mientras que el silencio y los ecos de la isla se utilizan para aumentar el suspenso. El diseño sonoro, con gruñidos, disparos y rugidos de criaturas mutantes, recrea la atmósfera de los videojuegos clásicos de Resident Evil.
Resident Evil: Isla de la muerte (2023) —Resident Evil: Death Island— es una experiencia cinematográfica diseñada para los seguidores de la saga. Eiichirō Hasumi logra equilibrar acción, terror y nostalgia, ofreciendo un producto que respeta el espíritu del material original. Con su animación impactante, su ritmo vertiginoso y su elenco de personajes legendarios, la película se consolida como una de las mejores adaptaciones animadas del universo Resident Evil, una odisea de supervivencia donde el horror nunca muere.