
Dirigida, escrita y protagonizada por Sylvester Stallone, Rocky IV (1985) es una de las entregas más populares y trascendentes de toda la saga. Con un tono más estilizado, emocional y cargado de simbolismo político propio de la Guerra Fría, esta película se convirtió en un fenómeno cultural gracias a sus montajes musicales, sus discursos inspiradores y el duelo épico entre Rocky Balboa e Ivan Drago. Es quizás la entrega más icónica en términos de espectáculo, emotividad y estilo ochentero.
Rocky Balboa vive una época de estabilidad: es un campeón respetado, un esposo y padre dedicado, y goza de una vida acomodada junto a Adrian. Sin embargo, la llegada de la Unión Soviética con un nuevo e imponente boxeador llamado Ivan Drago altera por completo su mundo. Drago, una máquina de fuerza imparable, entrenado con tecnología avanzada y respaldado por el gobierno, representa una amenaza no solo para el deporte, sino también para el orgullo estadounidense.
El motor emocional de la película ocurre cuando Apollo Creed decide aceptar la pelea de exhibición contra Drago. Lo que comienza como un espectáculo se convierte en una tragedia cuando Drago lo supera brutalmente en el ring, provocando la muerte de Apollo frente a los ojos de Rocky. Esta pérdida devastadora rompe el alma del protagonista y lo impulsa a enfrentar al gigante soviético no por gloria, sino por honor, amistad y redención.
Mientras Drago se prepara con tecnología de punta, supervisión científica y un régimen militarizado, Rocky viaja a la helada Rusia para entrenar con métodos rústicos, duros y casi primitivos. Corta leña, corre en la nieve profunda, levanta peso improvisado y desafía tormentas heladas para reconstruir su fuerza desde la esencia. Este contraste entre la frialdad tecnológica de Drago y la autenticidad del entrenamiento de Rocky es uno de los aspectos más memorables del filme.
Rocky IV presenta algunos de los montajes musicales más recordados del cine, acompañados por temas icónicos como “Hearts on Fire” y “No Easy Way Out”. Cada secuencia transmite el conflicto interno de Rocky, su determinación por honrar a Apollo y su lucha contra sus propios límites físicos y emocionales. La intensidad visual y sonora de estos momentos marcó a toda una generación.
El enfrentamiento final es un choque de titanes lleno de dramatismo y fuerza. Drago (Dolph Lundgren) es una presencia intimidante: poderoso, casi inhumano, y armado con un golpe devastador. Rocky, más pequeño y aparentemente inferior, resiste castigo tras castigo, demostrando un corazón inquebrantable. Round tras round, el combate se convierte en una batalla simbólica entre dos mundos, culminando en un final que mezcla espectáculo, emoción y un mensaje inesperado de unión.
Rocky 4 no solo es una película de boxeo, sino un fenómeno cultural que capturó el espíritu de los 80 con patriotismo, rivalidades globales y una estética única. Con su mezcla de acción, drama, montajes inolvidables y una historia de superación frente a lo imposible, se mantiene como una de las entregas más queridas de la franquicia. Una película explosiva, inspiradora y vibrante que dejó huella en la historia del cine deportivo.