
Dirigida por Yorgos Lanthimos y estrenada en 2024 con el título original Kinds of Kindness, esta película presenta un tríptico inquietante donde lo absurdo, lo violento, lo emocional y lo grotesco conviven bajo un mismo tema: la necesidad humana de ser guiado, amado o poseído. Con su estilo característico, Lanthimos construye un relato fragmentado y perturbador que se adentra en la sumisión, la fe irracional y las relaciones de poder que consumen a quienes las habitan.
Cada una de las historias aborda un tipo distinto de dependencia: un hombre incapaz de actuar sin las órdenes de otro, una esposa que vuelve a casa con un secreto imposible de nombrar y un grupo obsesionado con la idea de encontrar a un “elegido”. Estos relatos, aunque independientes, comparten la misma médula inquietante: personajes que pierden control sobre sí mismos y entregan su voluntad a fuerzas externas, ya sean personas, dogmas o ideas. La estructura separada permite ver distintos matices del mismo malestar profundo.
Los protagonistas —interpretados por un elenco que repite roles en cada historia— representan versiones distintas de la fragilidad humana. Son seres incompletos, hambrientos de dirección, afecto o redención, dispuestos a someterse a reglas ajenas para sentir que pertenecen a algo. La película los muestra con crudeza emocional: a veces ridículos, otras veces estremecedores, siempre atrapados en su soledad y en su necesidad de ser validados a cualquier costo.
Lanthimos combina lo absurdo con lo cruel, creando escenas que provocan risa, pero también incomodidad. Gestos mínimos, diálogos secos y situaciones ridículas generan un humor tan oscuro que desarma y desconcierta. El director aprovecha esa mezcla para llevar al espectador por caminos impredecibles, donde lo cómico y lo perturbador conviven sin contradicción. Esa ambivalencia vuelve la experiencia emocionalmente incómoda… y fascinante.
La dirección de Lanthimos destaca por su sobriedad visual: encuadres rígidos, iluminación fría y movimientos calculados que crean una distancia emocional deliberada. Esa estética amplifica la sensación de control y manipulación que atraviesa las historias. Los espacios amplios, las miradas perdidas y el silencio inquietante son piezas clave para generar esa atmósfera en la que cada gesto parece sugerir algo que no puede decirse en voz alta.
Al terminar la tercera historia, no hay una respuesta clara ni una conclusión que calme. El filme deja preguntas mordiendo la mente del espectador: ¿qué buscamos realmente cuando pedimos afecto? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar para sentirnos parte de algo? “Tipos de gentileza” concluye fiel al espíritu de Lanthimos: sin explicaciones, sin consuelo y con un eco oscuro que persiste mucho después. Es un retrato inquietante de las formas en que la gentileza puede torcerse, transformarse y volverse destructiva.