
Dirigida por Shannon Tindle y codirigida por John Aoshima, Ultraman: El ascenso (Rise) es una reinvención animada del icónico héroe japonés, mezclando elementos clásicos del tokusatsu con una sensibilidad emocional moderna. La historia sigue a Ken Sato, un famoso jugador de béisbol que regresa a Japón después de años en el extranjero, solo para verse obligado a asumir el rol de Ultraman tras la repentina desaparición de su padre. Atrapado entre la responsabilidad heroica y una vida personal desordenada, Ken descubre que salvar el mundo no es su único desafío: también deberá cuidar a un bebé kaiju que, en lugar de ser un enemigo, se convierte en la criatura más vulnerable —y adorable— que ha conocido.
Ken es un protagonista complejo, arrogante en apariencia pero profundamente herido por años de resentimientos y ausencia familiar. Su regreso obliga a confrontar emociones que ha evitado durante toda su vida. Interpretado en la versión original por Christopher Sean, Ken representa la lucha interna entre el deber y el deseo de vivir para sí mismo. Su crecimiento como Ultraman y como persona es el eje emocional de la película: aprender a ser héroe… y aprender a cuidar.
La gran sorpresa del filme es el adorable bebé kaiju, una criatura gigantesca pero incapaz de defenderse, que ve en Ken una figura protectora. Su relación es tan caótica como entrañable: llantos que provocan destrucción, juegos peligrosos y una dependencia total que derrite la coraza emocional de Ken. Este lazo convierte la película en un relato sobre paternidad, empatía y responsabilidad, mostrando que a veces la mayor prueba de heroísmo es brindar afecto.
La Agencia de Defensa Kaiju no solo combate monstruos: también encierra, manipula y experimenta con ellos. La película cuestiona la frontera entre protección y abuso, revelando antagonistas humanos tanto o más peligrosos que las criaturas gigantes. Las batallas, diseñadas con un estilo visual brillante y dinámico, muestran enfrentamientos épicos que mezclan artes marciales, energía luminosa y destrucción urbana, sin olvidar el tono emocional que guía cada combate.
El estilo visual fusiona estética japonesa con una animación moderna que rinde homenaje a las raíces del personaje: poses heroicas, rayos característicos, transformaciones impactantes y escenarios que combinan tecnología futurista con destrucción colosal. Cada batalla es fluida y colorida, pero también cargada de significado narrativo. La música y el diseño de sonido amplifican cada impacto, cada rugido y cada momento íntimo entre Ken y el kaiju bebé.
Más allá de la acción, la película se centra en sanar vínculos rotos: entre Ken y su padre, entre los humanos y los kaijus, entre el deber y el cariño. El arco emocional de Ken lo lleva a descubrir que el heroísmo no está en la fuerza, sino en la capacidad de abrir el corazón. Este mensaje conecta con cualquier espectador, seas fan o no del personaje original.
Ultraman: El ascenso (2024) es una aventura emocionante, visualmente impresionante y profundamente humana. Con humor, acción épica y un mensaje sincero sobre la empatía, ofrece una entrada perfecta al universo del gigante plateado para nuevas generaciones, sin olvidar a los fans que crecieron con él. Un ascenso no solo de poder, sino de madurez y corazón.