
Dirigida por Christopher Jenkins y estrenada en 2024 con el título original 10 Lives, Un gato con suerte es una película de animación británica y canadiense que mezcla humor, ternura y una reflexión profunda sobre el cambio personal. La historia sigue a Beckett, un gato mimado, egoísta y absolutamente convencido de que el mundo gira a su alrededor. Rescatado y cuidado por Rose, una estudiante amable y soñadora, Beckett disfruta de una vida perfecta… hasta que, por descuido, pierde su novena vida. Al borde de la desaparición definitiva, suplica una última oportunidad y, contra todo pronóstico, el guardián del más allá accede, enviándolo de vuelta a la Tierra con varias nuevas vidas que lo obligarán a cambiar de forma, de perspectiva y, sobre todo, de corazón.
Beckett es el típico gato que se cree el centro del universo: exige atención, desprecia reglas y da por sentado el cariño de Rose. Su viaje comienza desde la arrogancia total, pero cada nueva vida lo confronta con realidades que nunca quiso ver. Al transformarse en otros animales y enfrentarse a situaciones cada vez más complicadas, Beckett empieza a entender lo que significa sacrificarse, preocuparse por otros y valorar aquello que antes ignoraba. Su evolución, llena de momentos divertidos y otros muy emotivos, es el corazón de la película.
Rose, la joven que rescata a Beckett, representa la calidez, la paciencia y el amor desinteresado. Es una estudiante apasionada, con sus propios retos y sueños, que aun así encuentra tiempo para cuidar de este gato que casi nunca le devuelve el gesto. La película muestra, a través de recuerdos y momentos compartidos, cuánto significaba Rose para Beckett, incluso cuando él no lo admitía. Su figura se convierte en la brújula emocional que guía al protagonista en cada nueva oportunidad.
Cada nueva vida de Beckett funciona como un capítulo distinto de aprendizaje: a veces regresa como un animal vulnerable, otras como una criatura fuerte, y en todas se enfrenta a desafíos que ponen a prueba sus miedos, su orgullo y su capacidad de empatía. Estas transformaciones permiten explorar diferentes ambientes, personajes y emociones, creando una narrativa ágil y variada. La idea de “vivir muchas vidas” no se queda en un truco divertido: se convierte en una metáfora sobre las segundas oportunidades que muchas veces desperdiciamos.
La animación de Un gato con suerte apuesta por diseños expresivos, colores vibrantes y escenas llenas de movimiento. Beckett, en todas sus versiones, mantiene una personalidad visual muy marcada que lo hace encantador incluso cuando se comporta mal. Los secundarios —humanos y animales— aportan variedad y chispa a la historia, con gags visuales y momentos cómicos que equilibran las partes más emotivas. El resultado es una película que se siente ligera, pero con un trasfondo sincero.
A lo largo de sus múltiples vidas, Beckett descubre que la verdadera suerte no es tenerlo todo sin esfuerzo, sino contar con personas que te quieren de verdad y aprender a corresponder ese cariño. La película subraya la importancia de la gratitud, la empatía y el crecimiento personal, recordando que nunca es tarde para convertirse en una mejor versión de uno mismo, aunque haga falta “morir y renacer” varias veces en el proceso.
Un gato con suerte (2024) es una propuesta entrañable ideal para ver en familia: divertida para los más pequeños, emotiva para los adultos y llena de mensajes sobre responsabilidad afectiva, cambio y amor incondicional. Una película que demuestra que incluso el gato más egoísta puede aprender a dar algo de sí… cuando la vida le enseña, una y otra vez, que no está solo en el mundo.