




Adolescencia es una serie que se adentra en uno de los terrenos más incómodos y delicados de nuestra sociedad: la fragilidad emocional de los jóvenes y la forma en que el mundo adulto muchas veces llega demasiado tarde. Lejos de buscar el impacto fácil, la historia se construye desde el silencio, la incomprensión y la sensación constante de que algo se ha roto antes de que nadie supiera cómo repararlo.
La serie observa la adolescencia no como una etapa romántica de descubrimiento, sino como un período lleno de presiones invisibles, expectativas imposibles y soledad emocional. Padres, instituciones y entornos sociales aparecen desbordados, incapaces de entender lo que ocurre dentro de una mente joven que aún no sabe poner nombre a lo que siente. Adolescencia no juzga ni absuelve: expone, incomoda y obliga al espectador a mirar de frente una realidad que suele ignorarse hasta que estalla.
Con un tono sobrio y una narrativa contenida, la serie transforma una historia particular en un retrato universal sobre la falta de comunicación, el peso del entorno y las consecuencias de no escuchar a tiempo. No es una serie fácil de ver, pero sí necesaria, porque deja claro que crecer también puede ser una experiencia solitaria y profundamente dolorosa.