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A lo largo de toda la serie, París funciona tanto como escenario idealizado como prueba constante. Emily representa la energía optimista, mientras que el entorno le exige madurez, sensibilidad y comprensión de normas no escritas. Emily en París habla de crecer lejos de casa, de cometer errores en público y de aprender que el éxito profesional no siempre va de la mano con la estabilidad emocional.
Con un tono ligero pero persistente, la serie muestra que perseguir sueños implica aceptar el ridículo, la confusión y la posibilidad de equivocarse una y otra vez.