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A lo largo de toda la serie, el Trono de Hierro funciona como un símbolo de deseo y destrucción. Reyes, reinas, guerreros y estrategas creen que gobernar traerá orden, pero descubren que el poder absoluto solo amplifica los defectos humanos. Juego de tronos habla de la corrupción del poder, de la fragilidad de la moral y de cómo incluso las causas justas pueden perderse cuando se persiguen sin límites.
Con una narrativa cruda y sin concesiones, la serie muestra que la historia no la escriben los justos, sino los que sobreviven el tiempo suficiente para contarla.