
















Peacemaker es una serie que utiliza el humor extremo, la violencia explícita y la provocación constante para desmontar una idea muy concreta: que todo puede justificarse en nombre del patriotismo y la paz. Lejos de presentar a su protagonista como un héroe tradicional, la serie lo expone como una contradicción viviente, alguien dispuesto a matar sin dudar mientras se convence de que está haciendo lo correcto.
A lo largo de la serie, la narrativa se centra menos en salvar al mundo y más en desarmar psicológicamente a su personaje principal. Peacemaker no es solo un soldado obediente, sino el producto de una educación violenta, de una ideología heredada y de una necesidad desesperada de validación. La serie convierte la acción en una herramienta para hablar de trauma, culpa y de la dificultad de cuestionar aquello que se ha aprendido desde niño.
Con un tono irreverente pero sorprendentemente emocional, Peacemaker demuestra que incluso los relatos más excesivos pueden esconder una reflexión profunda sobre identidad, responsabilidad y el daño que provoca confundir obediencia con moralidad.