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A lo largo de toda la serie, el conflicto central no gira en torno a salvar al mundo, sino a desenmascarar la mentira que lo sostiene. Los protagonistas no buscan justicia idealista, sino frenar un sistema que permite abusos constantes sin consecuencias reales. The Boys habla del poder como una fuerza corrosiva, capaz de destruir cualquier valor cuando no encuentra resistencia.
Con un tono provocador y sin censura, la serie se convierte en una crítica feroz a la idolatría, al autoritarismo y a la facilidad con la que la sociedad acepta la violencia cuando viene envuelta en símbolos patrióticos.