
Dirigida por Luis Llosa y estrenada en 1997 con el título original Anaconda… la película sitúa su punto de partida en una expedición científica que se adentra en el corazón del Amazonas. Un equipo de documentalistas viaja por el río en busca de una tribu aislada, impulsados por la ambición profesional y la curiosidad académica. Desde el inicio, el entorno se presenta como una amenaza latente: la selva no observa, acecha. Lo que parecía un proyecto controlado comienza a torcerse cuando rescatan a un misterioso cazador que cambiará el rumbo de la travesía.
La aparición de Paul Serone, interpretado por Jon Voight, introduce la verdadera inquietud del relato. Su discurso seductor y su aparente conocimiento de la selva generan una confianza falsa que se vuelve letal. Serone no tarda en revelar su obsesión por capturar una anaconda gigantesca, utilizando al equipo como medio para llegar a ella. La película deja claro que el mayor peligro no siempre proviene de la naturaleza, sino de la ambición humana dispuesta a sacrificarlo todo.
Entre los miembros del equipo destacan Terri Flores y Danny Rich, interpretados por Jennifer Lopez y Ice Cube, quienes representan dos formas distintas de enfrentar el miedo. Terri intenta mantener el propósito científico del viaje, mientras Danny adopta una actitud más pragmática, consciente de que la selva no perdona errores. A medida que la amenaza crece, la misión original pierde sentido y la prioridad pasa a ser sobrevivir a cualquier costo.
La anaconda no es presentada como un simple animal, sino como una fuerza imparable que domina su territorio. Los ataques son repentinos y brutales, cobrando víctimas de forma inesperada. La película no es sutil en su enfoque: cada aparición de la serpiente subraya la fragilidad humana frente a un depredador perfectamente adaptado. El miedo se construye tanto desde el espectáculo como desde la sensación constante de estar siendo observado.
Cuando Serone abandona cualquier pretensión de cooperación y revela su plan de usar al grupo como carnada, la historia entra en su fase más oscura. La traición rompe definitivamente al equipo y obliga a los supervivientes a actuar contra él y contra la criatura. La violencia se intensifica y la película abraza su naturaleza de thriller de supervivencia sin concesiones, donde cada decisión errónea se paga con sangre.
Anaconda cierra con una victoria amarga. Los supervivientes logran escapar, pero lo hacen marcados por el terror vivido y las pérdidas sufridas. La película no pretende dejar una reflexión profunda, sino una experiencia directa y visceral: la naturaleza no necesita justificarse, y la arrogancia humana siempre encuentra un límite. Anaconda se consolida como un clásico del cine de criaturas de los noventa, recordado por su exceso, su tensión constante y una amenaza imposible de olvidar.