
Dirigida por Nick Rowland y estrenada en 2025 con el título original She Rides Shotgun, la película es un thriller criminal centrado en Nate McClusky, un hombre que acaba de salir de prisión y apenas conoce a su hija Polly, de once años. Su intento de comenzar de nuevo se rompe de inmediato cuando antiguos enemigos deciden cobrar cuentas pendientes, obligándolo a huir con la niña en una carrera desesperada por sobrevivir. Desde el inicio, el film deja claro que el pasado no se borra al cruzar la puerta de la cárcel.
La relación entre Nate y Polly se construye en medio del peligro constante. Polly, interpretada por Ana Sophia Heger, comienza como una niña retraída y desconfiada, marcada por el abandono y la violencia que la rodea. A lo largo de la huida, se ve obligada a aprender a observar, reaccionar y protegerse, desarrollando una fortaleza que no corresponde a su edad. La película muestra con crudeza cómo la supervivencia acelera la pérdida de la inocencia.
Nate, interpretado por Taron Egerton, es un hombre atrapado por decisiones pasadas que lo persiguen sin descanso. La amenaza principal proviene de un grupo criminal despiadado que no acepta traiciones ni redenciones. La película no idealiza al protagonista: su violencia es presentada como una herramienta aprendida, no como una virtud. Cada enfrentamiento lo obliga a decidir si seguirá siendo el hombre que fue o si es capaz de cambiar para proteger a su hija.
Gran parte del relato se desarrolla como una road movie tensa y agotadora, atravesando carreteras, moteles y espacios abiertos que lejos de ofrecer libertad, exponen aún más a los protagonistas. Cada parada representa un nuevo riesgo, y cada decisión incorrecta puede ser fatal. La puesta en escena refuerza la sensación de vulnerabilidad constante, donde no existe un lugar seguro ni una pausa real para recuperar el aliento.
En su camino, Nate y Polly se cruzan con figuras cuya ayuda nunca es completamente segura. Algunas alianzas surgen de la necesidad, otras de una ética inesperada en medio del caos. La película explora estas relaciones sin idealizarlas, mostrando cómo incluso los gestos de ayuda pueden estar cargados de intereses, dudas y contradicciones. La confianza se convierte en un riesgo tan grande como enfrentarse directamente a los perseguidores.
El tramo final de Asiento mortal apuesta por un cierre duro y emocional. La violencia alcanza su punto más alto y deja consecuencias físicas y psicológicas irreversibles. Aunque la amenaza inmediata se disipa, la película evita un final triunfalista. Polly logra seguir adelante, pero marcada por todo lo vivido, mientras el sacrificio de su padre redefine el significado de protección y amor. El cierre deja claro que sobrevivir no siempre implica salir intacto, pero sí puede abrir la puerta a una vida distinta.