
Dirigida por Owen Hurley y estrenada en 2004 con el título original Barbie as the Princess and the Pauper, Barbie en la princesa y la plebeya adapta el clásico relato de Mark Twain a un cuento musical lleno de identidad y emoción. La historia se presenta como una narración donde dos jóvenes idénticas en apariencia, pero separadas por su origen social, descubren que sus caminos están conectados de una forma inesperada. Desde el inicio, la película establece un contraste claro entre lujo y sencillez, mostrando que la verdadera diferencia no está en la corona, sino en las oportunidades.
Anneliese vive rodeada de privilegios, pero atrapada por las obligaciones que impone su posición. Con spoilers claros, la película muestra cómo su vida está marcada por un matrimonio arreglado que no desea, impuesto para salvar al reino de una crisis económica. Aunque es amable y sensible, Anneliese siente que su destino ya fue escrito por otros. Su conflicto interno gira en torno a encontrar su propia voz y decidir si está dispuesta a sacrificar su felicidad por el deber.
Erika, en cambio, vive una realidad completamente distinta. Es una joven trabajadora, ingeniosa y decidida, que enfrenta dificultades económicas constantes. Con spoilers evidentes, se revela que su talento y determinación la mantienen en pie incluso cuando todo parece perdido. Erika representa la fortaleza nacida de la necesidad, demostrando que la falta de privilegios no impide soñar ni aspirar a algo mejor. Su deseo principal no es el poder, sino la libertad.
Cuando Anneliese y Erika descubren su increíble parecido, deciden intercambiar identidades para ayudarse mutuamente. Este giro transforma la historia en una exploración sobre la empatía y el autodescubrimiento. Con el avance del relato, ambas comprenden que vivir la vida de la otra no es tan sencillo como parecía. El intercambio las obliga a enfrentar realidades ajenas y a valorar aspectos de la vida que antes daban por sentados.
El conflicto se intensifica cuando una conspiración amenaza con separar definitivamente a las protagonistas. Con spoilers claros, la película muestra cómo el engaño y la ambición ponen en peligro tanto al reino como a la libertad de Erika. En este punto, la valentía de ambas se vuelve crucial, demostrando que el coraje no depende del título ni del estatus, sino de la voluntad de hacer lo correcto incluso cuando el riesgo es alto.
Barbie en la princesa y la plebeya concluye con un mensaje poderoso: la identidad no está determinada por el lugar de nacimiento. El final celebra la libertad de elegir el propio camino, ya sea con corona o sin ella. A través de la música, la amistad y la honestidad, la película deja una enseñanza duradera sobre igualdad, autenticidad y la importancia de escuchar el corazón, consolidándose como uno de los títulos más queridos del universo Barbie.