
Dirigida por Derek Drymon y estrenada en 2025 con el título original The SpongeBob Movie: Search for SquarePants… la película arranca con una crisis tan absurda como existencial: Bob Esponja pierde sus icónicos pantalones cuadrados y, con ellos, la certeza de quién es. En Fondo de Bikini, la desaparición no es solo un problema de vestuario, sino una amenaza al equilibrio del mundo. Bob, con la voz inconfundible de Tom Kenny, entra en pánico al sentir que sin sus pantalones no puede ser el empleado ejemplar del Crustáceo Cascarudo ni el amigo optimista de siempre, iniciando una aventura que convierte la identidad en el verdadero motor del relato.
Patricio, Arenita y Calamardo se suman al viaje sin cuestionarlo, cada uno reflejando una forma distinta de enfrentar el caos. Patricio aporta su lógica ilógica, convencido de que los pantalones tienen voluntad propia; Arenita analiza el problema como si fuera un experimento fallido; y Calamardo, a regañadientes, se une temiendo que la ausencia de Bob empeore aún más su vida. La película no tarda en separar al grupo tras una decisión impulsiva de Bob que provoca un desastre submarino, obligándolo a continuar solo y enfrentarse a las consecuencias de depender demasiado de lo que lo define por fuera.
El antagonista surge como una versión distorsionada del propio Bob, una criatura marina que se alimenta de objetos simbólicos robados para robar también la esencia de quienes los pierden. Cuando se revela que fue él quien se llevó los pantalones para absorber la alegría de Bob, la película integra el conflicto emocional con el humor absurdo. Bob descubre que el villano se debilita cuando él actúa con bondad incluso sin su uniforme, subrayando que su optimismo no depende de una prenda, sino de una decisión constante.
El punto más oscuro llega cuando Bob, derrotado y ridiculizado, acepta que quizá nunca fue especial sin sus pantalones. Esta rendición temporal provoca que Fondo de Bikini caiga en un estado gris y apático, mostrando las consecuencias de la pérdida de su energía positiva. Patricio intenta animarlo, pero fracasa, y es Calamardo quien, en un momento inesperadamente sincero, admite que aunque Bob lo irrita, su ausencia hace el mundo más vacío. Esa confesión empuja a Bob a levantarse sin necesidad de recuperar lo perdido.
La confrontación final no se gana con fuerza, sino con coherencia emocional. Bob enfrenta al villano sin sus pantalones, demostrando que sigue siendo él mismo. Esa autenticidad debilita al antagonista, permitiendo que los pantalones regresen por sí solos, como si reconocieran a su verdadero dueño. El reencuentro es celebrado, pero Bob decide no ponérselos de inmediato, dejando claro que ahora entiende su valor sin depender de ellos.
La película cierra con Bob retomando su rutina, esta vez consciente de que su esencia no está en lo que lleva puesto, sino en cómo trata a los demás. Bob Esponja: En busca de los pantalones cuadrados utiliza el humor clásico para hablar de identidad y autoestima, recordando que incluso en el fondo del mar crecer también implica cuestionarse. El resultado es una aventura ligera, pero emocionalmente más profunda de lo que aparenta.