
Dirigida por William Brent Bell y estrenada en 2012 bajo el título original The Devil Inside, esta película utiliza el formato de falso documental para seguir a Isabella Rossi, una joven que viaja al Vaticano en busca de respuestas sobre su madre, quien décadas atrás asesinó brutalmente a tres personas durante un exorcismo. El caso fue archivado como una manifestación extrema de locura, pero Isabella se niega a creerlo y decide investigar por su cuenta. La historia la lleva a adentrarse en el mundo de los exorcismos clandestinos, donde dos sacerdotes rebeldes desafían las reglas de la Iglesia y revelan que lo que ocurrió con su madre podría ser algo más oscuro de lo que imaginaba.
Isabella es una protagonista marcada por la culpa y el abandono emocional. Creció sin respuestas, temiendo que lo que destruyó a su madre pudiera estar relacionado con ella. Su travesía está llena de preguntas sin resolver, de miedos que arrastró desde la infancia y de una necesidad profunda de entender qué ocurrió realmente. Su evolución emocional se vuelve el eje del relato: comienza como una joven confundida y termina enfrentando un horror que supera todo lo que estaba preparada para encontrar.
La madre de Isabella, internada en una institución religiosa, es una presencia inquietante desde su primera aparición. Su comportamiento errático, sus movimientos imposibles y sus cambios de voz generan una atmósfera perturbadora que deja entrever que algo más que un trastorno mental la domina. Ella no solo es víctima del mal, sino un espejo inquietante del destino que Isabella podría enfrentar si no descubre la verdad. Su figura concentra gran parte del terror psicológico del filme.
Los sacerdotes que ayudan a Isabella —Ben y David— representan dos visiones opuestas de la fe: uno actúa desde la rebeldía contra los límites impuestos por la Iglesia, y el otro desde una espiritualidad profundamente humana. Juntos se enfrentan a posesiones que parecen saltar de un huésped a otro, revelando un mal inteligente, adaptable y aparentemente imposible de contener. La película utiliza esta dinámica para intensificar la sensación de que nadie está a salvo y que la línea entre lo humano y lo demoníaco se difumina rápidamente.
El formato documental aporta una crudeza particular: cámaras temblorosas, luces insuficientes, grabaciones abruptas y una sensación constante de estar presenciando algo prohibido. No hay música que prepare al espectador ni trucos clásicos del cine hollywoodense. Todo se siente cercano, inmediato y angustiante, como si la cámara capturara fragmentos de una tragedia en tiempo real. Esta elección narrativa convierte cada exorcismo en una experiencia visceral y desestabilizadora.
El desenlace de la película es uno de sus elementos más polémicos. No ofrece respuestas, no cierra heridas y no calma la angustia. Por el contrario, deja al espectador atrapado en un vacío de incertidumbre que refleja la esencia de la historia: cuando se trata del mal, no siempre hay explicación, ni final feliz. Esa decisión puede dividir opiniones, pero sin duda aumenta la sensación de desamparo y caos que la película quiere transmitir.
Con el diablo adentro (2012) es una experiencia intensa que mezcla horror religioso, posesiones inquietantes y un estilo documental que potencia la sensación de realismo. Aunque su narrativa es fragmentada y su cierre abrupto, logra generar un clima de tensión constante que resulta efectivo para quienes disfrutan del terror crudo y sin adornos. Una película que sugiere que el mal no siempre se derrota… a veces solo se documenta.