
Dirigida por Michel Franco y estrenada en 2025 con el título original Dreams, la película sigue a Fernando, un joven bailarín de ballet mexicano que anhela una vida de reconocimiento internacional y libertad en Estados Unidos. Convencido de que el amor puede abrirle las puertas que el sistema le cierra, decide dejarlo todo atrás y cruzar la frontera. El viaje es extremo, marcado por el peligro y la posibilidad real de morir en el intento, estableciendo desde el inicio un tono áspero donde el sueño americano se presenta como una apuesta brutal.
Fernando no solo cruza una frontera geográfica, también atraviesa una transformación personal profunda. Su disciplina como bailarín, construida sobre esfuerzo físico y control absoluto, se convierte en la base de su resistencia. La película retrata el ballet no como un adorno estético, sino como una identidad completa, una forma de existir en un mundo que constantemente le exige adaptarse. Cada movimiento, cada entrenamiento y cada recuerdo de su vida anterior refuerzan la idea de que su cuerpo es su único capital real.
En Estados Unidos, Fernando se reencuentra con Jennifer, su amante, una mujer perteneciente a la élite social, comprometida con causas filantrópicas y rodeada de privilegios. Para él, Jennifer representa la promesa de estabilidad y pertenencia; para ella, Fernando es una parte de su vida que debe encajar sin alterar el equilibrio que tanto le ha costado construir. La llegada de Fernando desestabiliza su mundo cuidadosamente curado, exponiendo tensiones entre deseo, poder y control.
La relación entre ambos se convierte en el núcleo psicológico del film. La película explora cómo el amor puede transformarse en una estructura de dependencia cuando existe una desigualdad profunda. Fernando deposita su futuro en Jennifer, mientras ella intenta conciliar sus sentimientos con la necesidad de proteger su posición social. Michel Franco retrata esta dinámica sin concesiones, mostrando cómo las buenas intenciones pueden convivir con decisiones profundamente egoístas.
A medida que Fernando intenta abrirse camino en un entorno que no fue hecho para él, la presión aumenta. La amenaza constante de ser expulsado, la falta de control sobre su destino y la sensación de ser siempre un intruso erosionan su confianza. Jennifer, por su parte, se enfrenta a una elección incómoda: apoyar plenamente a Fernando o preservar la vida que ha construido con tanto cuidado. La película subraya que pertenecer a ciertos mundos exige sacrificios que no todos están dispuestos a asumir.
El cierre de Dreams: Sueños refuerza la mirada crítica de Michel Franco sobre el ideal del éxito y la movilidad social. Más que una historia de superación, la película se convierte en un retrato incómodo sobre el amor atravesado por el poder, la migración y la identidad. El sueño que impulsa a Fernando no desaparece, pero se transforma, dejando claro que alcanzar una nueva vida puede implicar perder partes esenciales de uno mismo en el proceso.