
Dirigida por Hayao Miyazaki y estrenada en 2023 con el título original Kimitachi wa Dō Ikiru ka, El niño y la garza es una obra profundamente íntima que combina realismo emocional con un mundo fantástico cargado de simbolismo. La historia sigue a Mahito, un joven que enfrenta la pérdida reciente de su madre y debe mudarse con su padre a una nueva vida que se siente ajena y dolorosa. Allí, una misteriosa garza parlante lo guía —o lo manipula— hacia un reino imposible que mezcla recuerdos, criaturas extrañas y verdades que él aún no está listo para enfrentar. Entre magia, silencio y nostalgia, Mahito inicia un viaje que lo obliga a confrontar su propio duelo.
Mahito es un protagonista frágil, introspectivo y lleno de heridas que no sabe cómo expresar. Su llegada a la nueva casa, rodeada de naturaleza pero cargada de tensión emocional, lo deja atrapado entre la obligación de seguir adelante y un dolor que lo consume. La garza aparece como una figura enigmática que despierta en él una mezcla de enojo, miedo y curiosidad, empujándolo a un mundo alterno donde deberá aprender que la pérdida no se supera negándola, sino aceptándola. Cada paso que da dentro del reino fantástico es también un paso hacia comprender quién es sin su madre.
La garza es uno de los personajes más fascinantes de la película: ambigua, impredecible y, en ocasiones, irritante. Su presencia provoca en Mahito emociones contradictorias, convirtiéndose en un puente entre el mundo real y el mágico. A lo largo de la historia, su comportamiento revela capas de humor, misterio y una sabiduría poco convencional. Es un recordatorio de que los guías en nuestras vidas no siempre aparecen como esperamos, y que incluso las criaturas más extrañas pueden conducirnos a la verdad.
El reino al que Mahito viaja está repleto de criaturas curiosas, mundos superpuestos y paisajes que parecen sacados de un sueño antiguo. Cada rincón del universo creado por Miyazaki respira arte, memoria y emoción: torres que parecen ruinas de otro tiempo, seres con formas imposibles y espacios donde la luz y la sombra conviven con la misma naturalidad que el duelo y la esperanza. Este mundo funciona como reflejo del interior del protagonista, un laberinto donde todo tiene un significado profundo.
La relación de Mahito con su nueva madrastra, Natsuko, y con las mujeres mayores que trabajan en la casa añade sensibilidad al relato. Cada una representa diferentes formas de cariño, paciencia y fortaleza. Aunque Mahito se resiste al principio, la película muestra cómo los vínculos pueden sanar, incluso cuando nacen en momentos de confusión o rechazo. La figura materna, en todas sus variantes, es uno de los ejes emocionales más potentes del filme.
La película combina escenas íntimas, silencios prolongados y emociones contenidas con secuencias grandiosas llenas de color y movimiento. El estilo inconfundible del Studio Ghibli se mantiene intacto, pero esta vez con un tono más introspectivo, casi autobiográfico. La animación, llena de detalles y vida, convierte cada cuadro en una pintura en movimiento que transmite nostalgia, belleza y un respeto profundo por la naturaleza y la memoria.
El niño y la garza (2023) es una película conmovedora y filosófica que invita a mirar el dolor desde un lugar de ternura y crecimiento. Es un viaje hacia lo interior, envuelto en un universo mágico que solo Miyazaki podría imaginar. Con una historia que mezcla fantasía, melancolía y esperanza, esta obra se convierte en un recordatorio de que incluso en la pérdida más grande puede nacer la fuerza para seguir adelante. Una experiencia imprescindible para quienes aman las historias que sanan el alma.